viernes, 21 de febrero de 2014

NO LOS MATEIS; YO LOS CUIDO


Dibujo © Juan Ballesta

Aborto espontáneo
No sabía realmente lo que estaba sucediendo, cuando, alertado por Juan, uno de mis mejores amigos, entré precipitadamente en la casa de la Tata Macucha, en la zona sur de nuestro país hermano portugués. Posteriormente me enteré.
A juzgar por las caras que ponían por momentos  todos, seguro que era algo gordo. Sorpresa, incredulidad, desolación, indignación, rabia y miedo.
La entrañable Maruxa  Domínguez,  vecina de Vigo, mi ciudad natal, de escasos recursos económicos, acababa de entrar con su hija Muxía para ver a la Tata Macucha, una consumada y experimentada alcahueta, experta en provocar abortos espontáneos. 
Sin entender muy bien lo que pasaba, inquieto, crucé el portal, y accedí por una escalera siniestra a un sótano semi oscuro y maloliente, por si era necesaria mi ayuda.
Allí estaba Muxía. Tumbada boca arriba en un camastro desvencijado, dolorida. Bien tapada por una manta pringosa a rayas rojas y grises. Arropada por la entereza de su madre, que permanecía a su lado.
Y tan solo unos pasos mas allá, encima  de una mesa, que me pareció infinita,  una enorme palangana amarilla llega  de abundante agua templada, una par de toallas limpias, otras ensangrentadas, varios antisépticos, agua oxigenada, compresas, rollos de esparadrapo, algunos calmantes de andar por casa,  alcohol  de 96 grados y una aguja de calcetar.
Por la mano de la Tata ya habían pasado muchas mujeres de contados recursos. Pero esta vez algo había salido mal, la copiosa hemorragia había corrido alocadamente por la mesa y el suelo y se temía por su vida.
Afortunadamente,  la enorme fortaleza de Muxía, maestra de escuela de un pequeña aldea gallega, hija de una campesina del interior de Galicia, con un elevado conocimiento de la vida, de la realidad y del sufrimiento, la hizo salir adelante.
De vuelta a casa, varios amigos de Muxía cruzamos el paso fronterizo con España taciturnos, desolados, cariacontecidos. Fue una de las peores noches que recuerdo.

Llamada a un antiguo novio.
Y un par de días después, después de haberla visto y comprobado estaba bien, ya mas tranquilo, sin sobresaltos, finalizadas mis vacaciones, tome el avión de regreso a Londres, mi residencia ocasional por aquellos años. O si lo prefieren, a su nombre real de London. Huyendo de  esa manía tan cómoda, tan española, de doblar al castellano la lengua original de todas las películas que se exhiben en España, que se inició en tiempos del general golpista Francisco Hermenegildo Teódulo Franco Bahamonde.
Y desde el aeropuerto londinense de Heathrow dirigirme en el autobús a la estación de Victoria, centro neurálgico de comunicaciones de la bella capital inglesa. Para tomar el metro, el underground  hasta la estación de Sloane Square, próxima a mi residencia. Era el método mas barato, rápido y eficaz. Sin  contratiempos, atascos, ni imprevistos.
Y al llegar a mi domicilio de Chelsea, Yoko, que así se llamaba la servicial y atenta empleada doméstica de la casa, me comunicó, nada mas abrir la puerta, que desde Madrid una tal Señora Álvarez me había estado llamando insistentemente. Que deseaba hablar conmigo urgentísimamente. Y que volvería a llamar.  
 No acabó de decirlo, cuando el teléfono sonó otra vez con ese dueto ring-ring, ring-ring, tan característico y festivo made in England.
-¡Hallo! Yes. Wait a minute-. Respondió Yoko con seguridad antes de pasarme el aparato. -She is-. Me dijo por lo bajo antes de dármelo.
-¿Si?- Contesté.- ¿Doña Pepita Álvarez?
-Si. Buenas tardes, don Roberto. Perdone que le llame a estas horas. Ya se, que las ocho de la tarde, es una hora muy tardía en Londres. Pero es un asunto de vital importancia que no admite espera. 
Se trata de mi hija menor Cristina. Y mi hija la mayor, Ana, ha insistido le llamara. Por supuesto, antes, me ha informado convenientemente acerca de que Vd. es un joven tolerante y progresista. Y sobre todo serio, generoso, respetuoso y discreto. Con el que se puede contar en un asunto tan delicado como éste. Al que se pude acudir.
Que le conoce bien, puesto que fueron novios. Y que lo entenderá enseguida y se hará cargo de la situación.

  La alemana Maya Stollenwerk. La tarea de ser madre. 2008. Foto © Peter Paul Pech                       
 
El favor. Prima el criterio de la hija mayor
-Usted dirá.
-No daré rodeos. Iré directamente al asunto. Necesito, urgentemente, que me busque una clínica privada en Londres, la mejor, en donde mi hija Cristina pueda interrumpir su embarazo no deseado con absoluta discreción y total garantía.
No repare en gastos. Incluida la minuta que considere oportuna por sus servicios.
-Cuente con ello. Pero no tiene  porque recompensarme en nada.
A pesar de que conozco poco a su hija Cristina y hace tiempo que no vea a Ana, casi desde el tiempo en que salíamos juntos, les guardo un grato recuerdo.
-Si. Lo se. Prima el criterio de mi hija mayor. Es por eso me he atrevido a pedirle este favor. Aunque me gustaría aceptara una gratificación por ello.
Mi hija menor es muy joven todavía para tener un hijo. Ha tenido el infortunio de quedarse embarazada siendo soltera. El padre no quiere casarse con ella. Está casi de tres meses, dentro de la doce semana de gestación. Y su vida puede correr serios riesgos o el niño nacer con malformaciones.   
-Entiendo. Pero no me debe ningún favor. No insista. Concertaré  el hospital más oportuno y me aseguraré que vaya una ambulancia a recogerla al aeropuerto. Le garantizo reserva absoluta. Y lo que es más importante, absoluta profesionalidad, total garantía y cobertura legal. Ellos le pasarán la factura. Me pondré en contacto con Vd. cuando esté todo listo. 
-Gracias. Ya me dijo mi hija mayor que lo entendería y  podíamos contar con Vd.

Una vida privada de oración y sacrificio al servicio de la Obra de Dios
Todo salió de acuerdo a lo previsto.  Y al día siguiente, una ambulancia londinense fue a buscar a la hija menor de una familia de once hermanos de la Sra. Pepita Álvarez, al aeropuerto.
Una madre como las de antes, de comunión y confesión diaria, miembro del Opus Dei, nombre abreviado de la Sociedad  Sacerdotal de la Santa Cruz y Obra de Dios. Dedicada a adquirir la auténtica perfección evangélica y ejercer el apostolado, mediante el uso de una vida privada  y pública de oración y sacrificio, de acuerdo a la Obra. Y de máxima exactitud en el cumplimiento de la actuación o de la profesión social propia de cada uno.  Algo altiva, pero una respetuosa y ferviente devota de su  fundador, el siervo de Dios y Santo, antes que Beato, monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer y Albás.

Un par de entradas
Después de avisarla que todo estaba preparado, ese mismo día por la mañana, tras darme ella el visto bueno, el padre de Cristina me llamó directamente desde su despacho. Un hombre todo poderoso en el sector naval. Y como su esposa, ultraconservador. Enérgico. De confesión y comunión diaria.
Pero su llamada no era de agradecimiento,  como cabría suponer, sino para que le reservara cuatro entradas de espectáculos en la capital.
Dos para la película erótica Emmanuel. Título mítico, clave del posterior desarrollo y fugaz triunfo del cine erótico, protagonizada por la holandesa Silvie Kristel. En donde la esposa de un conocido diplomático viaja a Oriente, allí donde supuestamente las costumbres sexuales están muy relajadas, para que un experto la inicie en el aprendizaje sexual y la presente después ante él en una consumada experta.
Y las otras dos entradas, para el día siguiente, para ver El último tango en París. Un intenso drama, desgarrador, que narra la tortuosa relación establecida entre una joven y un hombre maduro. Las dos, totalmente prohibidas en España, en aquellos años.
Ya que, casualmente, viajaba a Londres en esos días por motivos de trabajo. Y que iba acompañado por su secretaria,  una chica de 40 años mas joven que él. Casi la misma edad de su hija. Que se alojarían en el céntrico Hotel Hilton. Pero que tenía que guardar las apariencias y le diera mi palabra de no decir nada ni a su esposa ni a sus hijas.
-Cuente con ello, le confirmé. Lo que haga con su cuerpo es cosa suya. Pensé para mis adentros.

Ofuscación de la Iglesia Católica
Las creencias religiosas están bien asentadas. En nuestros tiempos jóvenes la Iglesia Católica, que tiene demostrada su alta capacidad para el control de conciencias, marcó a varias generaciones de españoles, sobre todo durante los años de la dictadura franquista. Especialmente en lo referido a las actividades lúdico eróticas sentimentales. Y una gran ofuscación con el aborto. Ardua tarea la suya de poner puertas al campo.
Vean sino a los miles  y miles de millones de espermatozoides yéndose por el sumidero en todo el mundo. Tan solo uno alcanza  la victoria. Un derroche innecesario que supera los miles de millones de espermatozoides  diarios que luchan por constituir un óvulo femenino. Y ningún cristiano se escandaliza por semejante desperdicio de los no nacidos. Puesto que los católicos, dan por sentado, que Dios les inserta un alma en ese mismo instante, como muy certeramente se ha ocupado de recordárnoslo Manuel Vicent recientemente. 

Alberto Ruíz Gallardón, ministro de Justicia
 
El no nacido
Y va y dice, mí distinguido vecino el Ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, que está a favor de respetar la vida del no nacido. Y que para él sería una bendición del Cielo la posibilidad de tener un hijo con deformaciones o deficiencias físicas.
Pues muy bien. Es muy loable oír esto de un dirigente destacado del Gobierno de España. A pesar de que exista división de opiniones en el seno de su propio Partido Popular e incluso entre sus compañeros del Gobierno. Léase varios Ministros, el Presidente de Extremadura, la Delegada del Gobierno en Madrid, y de un largo etcétera.
Y hasta la del propio gran jefe de la Iglesia Católica, el papa Francisco, que está revolucionando su Iglesia desde sus cimientos, entregándosela a los más necesitados, se pregunta que si es lícito juzgar a la mujer que interrumpe su embarazo.

 
Foto © Luca Piergiovanni. Agencia Efe                     

Aborto sagrado
Cabreadas, cinco mujeres, con los pechos al aire, activistas del Grupo Femen, se personaron a las veinte horas delante del Arzobispo de Madrid, Rouco Varela, Presidente de la Conferencia Episcopal Española  para pedirle explicaciones, cuando se disponía a entrar en la Parroquia de los Santos Justo y Pastor, en la céntrica calle de La Palma del Barrio de Malasaña de Madrid, con el puño en alto y al grito de ¡El aborto es sagrado!  Momento de desconcierto del arzobispo, escoltas y acompañantes, que aprovecharon igualmente para lanzarle varias bragas  manchadas de rojo.

Entre la regresión y el progreso
Los fieles seguidores entre una España que muere y otra que bosteza, expresados magistralmente por el poeta Antonio Machado, del que se cumple ahora su setenta y cinco aniversario de su partida, conviven en este proceso de cambio entre la regresión y el progreso.
Ya hay un español
que quiere vivir y a  vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.

Mientras, miles de personas se están manifestando en estos días por las calles de las principales ciudades de España contra la reforma de la Ley del Aborto del Ministro Gallardón. Pero las mujeres del Partido Popular continuarán apoyando la reforma. Y veremos en que queda todo esto.
España se encuentra en una encrucijada de su historia de un tiempo incierto. Vuelve al pasado. Pero también mira a lo que está por llegar.

Retroceso de treinta años
Nos lo ha recordado, en opinión certera en el diario La Opinión de Tenerife,  alguien tan documentado,  prestigioso y reconocido internacionalmente como el doctor Rafael Alonso Solis, director del Instituto de Tecnologías de Biomédicas y profesor de psicología de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Laguna de Tenerife:
 “Solo la ideología más reaccionaria de la vieja Europa, la que representa el sector más cavernícola, podía estar dispuesta a imponer el retroceso a una época de nuestra historia que  creíamos olvidada. Solo la versión mas turbia del catolicismo del rosario y el flagelo podía tocar de nuevo las campanas del discurso medieval. No tienen vergüenza, carecen de  piedad y son insaciables”.

Birgitta Ohlsson. Foto © Wiktor Dabkowski. AFP
 
Legislación universal
El derecho a decidir sobre el propio cuerpo es casi una cuestión de Estado. La nueva Ley del Aborto es un gran atraso para la mujer. No olvidemos que cuando España liberalizó su Ley fue muy aplaudido en toda Europa  y motivo de celebración internacional. Y como nos lo ha recordado igualmente la actual ministra sueca de Asuntos Europeos, Birgitta Ohlsson,  es vergonzoso que en el año 2014 tengamos países en la Comunidad Europea que restrinjan los Derechos Fundamentales de las mujeres.

 
              Elena Valenciano. Foto ©  F. Alvarado. Agencia Efe                    



El aborto culpable
Pero a pesar de todo ello y de la actitud de Elena Valenciano, la número dos del Partido Socialista Obrero Español, candidata al Parlamento Europeo, que estudia la posibilidad jurídica de denunciar al Gobierno español ante los Tribunales Europeos, su propuesta del derecho de las mujeres a decidir libremente sobre su propio cuerpo no se  aprobó en El Parlamento español. Porque su urgente llamada a la responsabilidad a las mujeres conservadoras no removió sus conciencias. El aborto continuó siendo el culpable. Y ninguna mujer parlamentaria del Partido Popular,  bien prietas las filas féminas, se sintió aludida. Y a pesar de forzar  la introducción de su voto secreto en una urna, al igual  que se hiciera en la votación de la invasión de Irak del año 2003, ninguna mujer, ni ningún hombre votó en contra de la nueva Ley del Aborto propuesta por el Ministro Gallardón que sucumbió ante la presión del ala mas dura de su partido. Proyecto de Ley del Aborto que elimina el Derecho de la Mujer actual, hasta la catorceava semana de gestación, a decidir libremente si prosigue su embarazo o lo interrumpe. 

Otra vez
El ala mas dura de la derecha, la del Thea Party español, sustentada por sectores de la Iglesia Católica  mas reaccionarios, continúan hoy guardando verdadero respeto y veneración a aquel general regordete, de voz atiplada y bajito.
Y otra vez, como en aquellos tiempos mas oscuros y siniestros, señoras enjoyadas y emperifolladas con abrigos de nutria y de visón ,de clase pudiente, protestan en las Manifestaciones Pro Vida, y continúan llevándose a sus hijos adolescentes a abortar a un país normal,  con gastos pagados. Mientras los de menos recursos se verán obligados al obscurantismo.
Otra vez emergiendo de la noche de los tiempos, como muertos vivientes, envueltas en sotanas, en sus perjuicios y sus falsas apariencias. Insensibles a participar en una batalla que creíamos felizmente resuelta.
  
No hay porque hacerse falsas ilusiones
Ya que hubo un tiempo en España, no hace tanto tiempo,  en que las mujeres ni siquiera  podían abrir una cuenta corriente en una entidad bancaria si no tenían el permiso firmado del padre o de su reemplazo, el marido. Tiempos oscuros en los que la asignatura pendiente, curso tras curso, era la libertad. En los que al cruzarse en la calle con las fuerzas de orden público, se apresuraba el paso, bajo los botes de humo y las pelotas de goma silbando sobre las cabezas y las sirenas de los coches de la policía como música preferida.
No existe la obligación de abortar y nuestro país no es, afortunadamente, un Estado confesional.
¡Dios mío! Cuán lejos queda  ya,  aquel objeto de deseo de la Madre Teresa de Calcuta, defensora de los más desprotegidos: No los matéis. Yo los cuido.

© Roberto Cerecedo
 Madrid. Viernes 14 de febrero de 2014. Día de los Enamorados.