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Ávila. 1989. Adolfo Suárez saluda a su máscara en látex. Fotografía © Roberto Cerecedo |
El líder
Desde siempre me he
preguntado, si los grandes líderes políticos como Felipe González, Santiago Carrillo o Adolfo Suárez surgen de la nada con un talento innato
para ejercer; por el contrario, se crean en alguna escuela especial; o es el
propio transcurrir de la vida
quien los pone en su sitio.
Eso mismo se
preguntaba mi buen amigo Gregorio Morán, en el mes de enero del año 1979,
“cuando se da cuenta”, afirma en
su libro Adolfo Suárez. Historia de una ambición, editado por la Editorial
Planeta en 1979, de que “en aquella fecha España tenía un presidente del
Gobierno que carecía de biografía. Ni oficial ni oficiosa”.
“De un hombre que
había sido nombrado para tan alto cargo en el mes de julio del año 1976, y
después de tres años, nadie parecía interesado en explicar ese curioso fenómeno
de la historia española del siglo XX, que consiste en tener un jefe de gobierno
que surge de la nada y cuya trayectoria personal se desconoce”.
“Escribir sobre la
historia viva, añadía, que no otra cosa es relatar la ascensión de Adolfo
Suárez, puede hacerse de dos modos: Utilizando los documentos escritos o bien recogiendo
puntualmente las opiniones de los testigos. Y yo he intentado unir las dos
fórmulas”
“Los hechos son
tozudos, y pocas veces hemos pensado que lo son porque se resisten a las
interpretaciones simplificadoras. Reconstruir la biografía de un presidente de
Gobierno es una tarea nada fácil, si partimos de que la mayor parte de esa
biografía transcurrió en un sistema nada permeable a la información y otro bajo
su propio mando”
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Madrid. Depositando su voto en sus últimas Elecciones Generales.
Fotografía © Roberto Cerecedo
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De la Dictadura a la Democracia en menos dos años
El autor, de la
primera biografía del presidente Adolfo Suárez González, Gregorio Morán, nacido
en la capital del Principado de Asturias
en el año 1947, se había formado con anterioridad en la Escuela de Arte
Dramático de Madrid.
Y quizá eso le
curtiera y fortaleciera, antes de formar parte del equipo del semanario español
Opinión y seguidamente del Diario 16, con una serie de artículos titulados
Superagente Conesa, dedicados a desmitificar la figura de Roberto Conesa,
veterano policía de la dictadura
del general Franco.
Y para narrarnos en
su libro, sobre el presidente Adolfo Suárez, “de como en menos de dos años, España pasó de la Dictadura a la Democracia de una manera
muy particular, durante la Presidencia del presidente Suárez”.
“Y que cabe preguntarse qué tipo de
dictadura dejamos y que estilo de democracia acogimos”.
Y las preguntas,
formuladas así, exceden los límites del primer libro biográfico sobre Adolfo
Suárez de Gregorio Morán.
Para afirmar luego,
con rotundidad, “que entre la fecha del nacimiento de Suárez y la fecha de su
designación por el Rey Juan Carlos I
para hacerse cargo del Gobierno de España, está la verdad. Y que el
resto es opinable”.
Después le
siguieron otros libros. El último, Puedo prometer y prometo, de la Editorial
Plaza y Janés, octubre de 2013,
escrito por el periodista Fernando Ónega, que toma el nombre del famoso
consabido discurso de Adolfo Suárez, que el propio Ónega le escribió.
Figura de la Fiesta Nacional
Pero un par de años
antes, en el mes de septiembre del año 1977, con un tratamiento humorístico
taurino, Ediciones Sedmay edita el libro póstumo del mítico periodista y
escritor Francisco Cerecedo, Figuras de la Fiesta Nacional.
Un libro
genial, que retoma, en el lenguaje
taurino, las biografías de los doce políticos de mayor peso que concurrían a
las primeras elecciones democráticas españolas, las Constituyentes, como si fueran los grandes
matadores taurinos del momento.
Y narra,
igualmente, la magnífica biografía de Adolfo Suárez, por sobrenombre El Posturas de la Moncloa, nombre que también da título a este
artículo y que reproduzco aquí en su totalidad, como merecido homenaje a la
figura del primer presidente del Gobierno de la Democracia, que tuve el enorme
privilegio de conocer y tratar.
Porque, como certeramente expresó en el
epílogo del libro de Francisco Cerecedo, el editor de Ediciones Sedmay, José
Moyá: “El lector encontrará en estos artículos, el ingenio, la gallardía y la
entereza de un hombre que supo decir lo suyo en el momento oportuno y la talla
de un gran periodista. Un hombre joven, que su indudable talento, su pasión por
la tarea diaria -era lo que se llamaba un infatigable trabajador- prometían a
España, y al periodismo de nuestro tiempo, muchas más páginas de brillante
agudeza; páginas que como éstas tenían asegurado el futuro, pues en Cerecedo el
periodismo tenía un valor de testimonio de su tiempo, y es lógico que los
testimonios perduren”.
Tenerife 1989. Bajando del trasbordador Yet Foil entre las Islas Canarias.
Fotografía © Roberto Cerecedo
Adolfo Suárez. El Posturas de la
Moncloa
“Adolfo
Suárez, El
Posturas de la Moncloa, escribía Francisco Cerecedo el
lunes, día 30 de abril de 1977, es, probablemente, el torero que mejor ha
asimilado todo el rico repertorio de lances de la fiesta nacional de los
últimos cuarenta años. Desde sus comienzos como novillero, se preocupó por
situarse al lado de las grandes figuras que mandaban en los ruedos en cada momento,
tomando nota de sus más hábiles recursos y de su saber estar ante las
diferentes clases de ganado. Se inició en los secretos de la lidia en su Ávila
natal, en la placita de toros del Consejo Diocesano de Acción Católica, donde
prodigó hasta la reiteración los pases de rodillas, hasta que logró conectar
con la todopoderosa empresa del Movimiento Nacional, S. A., exclusivista de las
plazas más taquilleras del país, en donde comprendió la importancia de los
ayudados por alto.
“Con notable modestia torera, siempre
dispuesto a aprender de los maestros, no tuvo reparo en mudar su lugar habitual
de veraneo a la Dehesa de Campoamor, en Orihuela, para tener la oportunidad de
cruzarse por los caminos de la urbanización con el malogrado matador Luis
Carrero, El Almirante, señor
indiscutible de los ruedos hispanos en aquellos tiempos, que acostumbraba a
pasar los meses de agosto en tal lugar. Tras la trágica muerte de El Almirante, en 1973, Adolfo Suárez,
dolorido, no volvió a pisar aquellos pagos, donde viviera tan buenos momentos,
y puso a la venta su apartamento”.
“Para completar su formación taurina, El Posturas de la Moncloa se aproximó a
otro diestro de prestigio, Laureano López Rodó, El Niño de las Monjas y pronto se identificaría con el blando trote
de los toros de la ganadería de monseñor Escrivá de Balaguer. No descuidó, sin
embargo, el joven novillero frecuentar los círculos de los matadores más
broncos, que también tenían enseñanzas que aportar. Y así, de la mano de Jesús
Aparicio Bernal, Angelito del SEU, peón de confianza de El Niño del Referéndum, tuvo acceso a la
televisión y pudo corregir la técnica de sus pases con la moviola. A finales de
1975 tomó la alternativa de manos de Carnicerito
de Málaga, quien, como regalo de doctorado, le entregó el Movimiento
Nacional, S. A., empresa en quiebra”.
“No logró lucir sus condiciones toreras en
esta época y debió limitarse a desempeñar un papel de eficaz segundón en la
célebre corrida de Montejurra de 1976, a la sombra del Niño del Referéndum, auténtico triunfador en aquella ocasión. Su
figura se agigantó a partir de julio de 1976, hasta que, finalmente, se
convirtió en cabeza de cartel para la feria de junio de este año. Tan dilatado
proceso de formación torera y conocimiento de la fiesta como ha desarrollado
Adolfo Suárez tenía, lógicamente, que producir sus frutos. Algunos sectores de
la profesión vinculados a los diestros Blas Piñar, Bombita, y José Antonio Girón, Fortunita
de la Cruzada, le reprochan el haber traicionado las esencias de la fiesta
nacional y haber instaurado en el ruedo ibérico el denominado pase del perjurio, que, en realidad,
según los entendidos, no es más que el viejo lance del franquismo renovado.
Pero El Posturas de la Moncloa no es
torero de un solo pase. Entre sus faenas más comentadas de los últimos meses,
los buenos aficionados nunca olvidarán aquella tarde de febrero en que Adolfo
Suárez, adelantando el engaño, se llevó entre los vuelos de su capote a un toro
de la acreditada ganadería de don Felipe González, para terminar colocándole un
par de banderillas de psoe-histórico,
a la media vuelta, en todo lo alto. Semanas más tarde, repitió la faena con una
corrida de la ganadería de la Viuda del
Centro Democrático, a la que trasteó con pases de todas las marcas
rematados con un farol ceñidísimo. Para demostrar que manda en la fiesta se
permitió devolver a los corrales a un toro incierto y reservón de la ganadería
del Conde de Motrico, que traía mucho peligro. Seguro de sí mismo, estimulado
por los aires de la sierra de Gredos, se halla convencido de que el premio
Mayte de las urnas es suyo”.
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Jugando al mús con los periodistas. Fotografía © Roberto Cerecedo |
Vivíamos en la carretera
Me subí al autobús
electoral del candidato a la Presidencia del Gobierno, Adolfo Suárez González,
nada más iniciarse la Campaña Electoral en la Plaza de la Independencia,
esquina con la calle de Alcalá de Madrid.
Todo se hacía a la
carrera. De una rueda de prensa en otra, de mitin en mitin y de pueblo en
pueblo y de ciudad en ciudad, devorando kilómetros convulsivamente. Comíamos
poco. Dormíamos poco. El correr del trabajo, sin apenas descanso. Los largos
desplazamientos, a veces más largos de lo esperados, en autobús. Se hacía vida
en la carretera. A pleno pulmón. El líder convivía y daba charlas y mítines en
el propio autocar de dos pisos, dotado de un pequeño baño, a los periodistas le
acompañaban. Y las muchas horas de convivencia, había influido decisivamente en
que el grupo actuara conjuntamente y dentro de la máxima colaboración.
Rueda de Prensa, Mitin y el Lema de la Campaña
En un céntrico
hotel de la capital zaragozana estaba prevista una Rueda de Prensa
nada mas llegar y seguidamente un Mitin en un conocido teatro. Había que
darse prisa.
En la parte de
afuera del autobús que nos transportaba a Adolfo Suárez, a su comitiva y a la treintena de periodistas que lo
acompañábamos, dirección a Zaragoza, situada a 325 kilómetros de la capital de
España, se podía apreciar el slogan impreso de la campaña del partido Centro Democrático y Social
que lideraba: El centro avanza.
Lema de campaña que
me pareció oportuno capturar en una instantánea, junto a su principal
protagonista saliendo del autobús, en la primera parada que hiciéramos.Al llegar, salí de los primeros y preparé
mi Nikon. La luz y el lugar era el ideal. La puerta de salida, por donde
aparecería frente a mí y la palabra Avanza encima del dintel. A mi lado, los
periodistas gráficos, literarios y radiofónicos locales afanándose en buscar el
mejor sito.
Pero de improviso,
el autobús parado se deslizó inconscientemente unos pasos, el conductor frenó
bruscamente y el líder que todos esperábamos apareció tras una cortina sentado,
en el cuarto de baño. Fue una aparición de millonésimas de segundo. La
suficiente para tomar una instantánea. Nadie la tomó. No era, ni muchísimo
menos, una imagen relevante de campaña. Pero yo por si las moscas me aseguré,
incordiando distraídamente lo necesario con mi cámara, mis rodillas, brazos y
cuerpo, para preservar su intimidad.
No hablamos de
ello. Pero se, que este hecho intrascendente no pasó desapercibido para él, ni
para los miembros de su equipo. Y la fotografía que tenía pensada de su salida,
con el slogan Avanza en el dintel
de la puerta, pude tomarla minutos después. Y hoy permanece expuesta y forma
parte de la exposición colectiva Tiempos Inciertos, organizada por la
Asociación de Periodistas Gráficos Europeos, en el Centro de Prensa
Internacional de Madrid, calle de María de Molina, 50, hasta el miércoles día 30 de abril, en horario continuado de 10:00 a
20:00 horas, de lunes a viernes.
Tu vienes a cazarlo
De Zaragoza nos
fuimos a Logroño, dirección
Pamplona, camino de Bilbao. Luego a Santander, Gijón, Oviedo, Galicia y León,
antes de almorzar en el autobús y volver presurosos a Madrid, de la que nos
separaban todavía 333 kilómetros, con toda la información, los cassettes y los
rollos de película impresionados, bien guardados en las respectivas bolsas de
trabajo, lista para cobrar vida en los medios del día siguiente, antes de irnos a descansar unas horas y
continuar viaje a Andalucía.
El autobús saldría
de nuevo presuroso, al día siguiente, desde la Plaza de la Independencia, hacia
Córdoba, Jaén, Granada, Sevilla,
Málaga., Huelva, Cádiz. Recuerdo bien aquella jornada maratoniana e inolvidable,
de la que aprendí mucho.
Y ocurrió que se acercó a mí el jefe de prensa de la
Campaña de Suárez, el periodista Santiago González.
-Con la
profesionalidad que tienes y los años de oficio a tus espaldas, tú vienes a cazarlo. Me espetó sin rodeos.
-No. Mira Santiago.
Es cierto que afortunadamente cuento con
el oficio y la suficiente profesionalidad para conseguir hacer lo que me proponga. Y que he pactado
con casi todos los medios de comunicación españoles y algunos europeos, que no
han enviado a sus profesionales porque estoy yo aquí. Pero no olvides que viajo
con vosotros, en un ambiente de absoluta profesionalidad, confianza, respeto
mutuo y ética .Y las muchas horas de convivencia han influido decisivamente en
que todos actuemos conjuntamente dentro del máximo respeto, profesionalidad y
colaboración necesaria.
Para tu
tranquilidad te diré, que he visto algunas escenas relajadas, que no me han
parecido oportunas recoger. Pero nadie podrá decirme que no cumplo con mi
trabajo. O que he contraído el Síndrome de Estocolmo, que me hace no ser
objetivo.
Y nada mas acabar
de decírselo, ocurrió, que Adolfo Suárez se encontraba en el baño, a pocos
pasos de donde nos encontrábamos los dos y lo había oído todo.
-Gracias Roberto, fue lo primero que
dijo en cuanto se nos unió. Sé de tu respetuosa actitud, en lo ocurrido el otro
día en Zaragoza. Y que me has visto dentro del autobús con la toalla secándome
el sudor y la camisa empapada, después de haberlo dado todo. Y sin
fuerzas, recobrando el aliento
tras el telón del escenario después del mitin. O agotado, dormitando a pierna
suelta en el asiento, tras una larga jornada. Y en estos, y otros muchos casos,
has respetado siempre mi intimidad. Y ha primado en ti tu enorme
profesionalidad y has evitado hacerme ninguna foto.
-Gracias a ti.
Adolfo. Procuro hacer bien mi trabajo. Es un privilegio caminar a tu lado
¿Tú otra vez?
Al llegar a Madrid
tomé rápidamente un taxi, para distribuir, disciplinada y diligentemente, a
todos los medios de comunicación el material tenía concertado. Y sin pérdida de
tiempo me dirigí a mi domicilio para meterme en la cama y recuperarme del
cansancio, aprovechando las escasas horas de sueño que mediaban antes del
amanecer y poder incorporarme a la
caravana de Suárez.
Deseaba volver. Era
una verdadera obsesión. No he conocido a nadie que haya seguido una Campaña
Electoral y no haya deseado volver. Y al verme, otra vez, al día siguiente, me
preguntó extrañado:
-¿Tú otra vez?
-¿No quieres que
venga? Le respondí.
-No. No. Todo lo
contrario. Estoy encantado que lo hagas, me dijo rodeándome con su brazo
derecho y caminando un buen trecho abrazado a mi, que le agradecí enormemente.
Era un privilegio.
-¿Me he portado
bien? Le dije irónicamente.
Tú siempre te
portas bien. Eres un grandísimo profesional y todo un maestro en la fotografía.
He visto todas tus magníficas imágenes publicadas en todos los medios estos
días. Y aprovecho para pedirte un grandísimo favor: Que me des una selección de
tus mejores imágenes al final de la Campaña.-Muchísimas gracias Adolfo. Cuenta con ello.
El líder del Centro
Democrático y Social, Adolfo Suárez, junto con el líder del Partido Socialista,
Felipe González y el del Partido Comunista, Santiago Carrillo, era, el más
interesante personal e informativamente. Por el que se podía apostar. El más
aceptado y el mejor situado para una buena cobertura periodística.
Los tres eran
excelentes comunicadores, facilitaban la captación de buenas imágenes y daban
buenos titulares. A eso cabía añadir su empatía, cordialidad y encanto
personal.
No podía
desaprovechar la oportunidad de viajar junto a él. Y el de darle mis fotos.
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Adolfo Suárez, en familia siguiendo los resultados de las elecciones. Fotografía © Roberto Cerecedo |
Lo cierto es que
Adolfo Suárez González, nació en Cebreros, un pequeño pueblo de la provincia española de Ávila, el día
25 de septiembre de 1932, en el
seno de una familia media acomodada. Y otro día, del mes de julio de 1976, fue
designado por el rey Juan Carlos I, el primer presidente del Gobierno de una
Monarquía Constitucional, repuesta la legalidad institucional, tras el golpe de estado del general rebelde y
golpista Francisco Hermenegildo Teúdulo Franco Bahamonde.
Comía poco. Fumaba
mucho. Bebía mucho café. Era también un
poco chuleta de pueblo y todos sus paisanos lo sabían. Él también. Tal
es así, que en Ávila, su tierra natal, él mismo me sugirió en un alto en el
camino, que si me gustaba la carne pidiera en un conocido restaurante Un
Suárez. Lo hice. Y me sirvieron un enorme chuletón de carne de ternera, poco
hecho.
Desafortunadamente
falleció en la Cínica Cemtro de la avenida Ventisquero de la Condesa de Madrid,
a las quince horas y tres minutos del domingo 23 de marzo de 2014, a los
ochenta y un años, de un grave alzhéimer degenerativo.
Su padre le
vaticinó que sería el presidente de la III República Española. Y él se quedo
en la Presidencia del Gobierno de
España por designación real. Presidencia que renovó, tras pasar por las urnas
por la Unión del Centro Democrático y convertirse en el primer presidente de
nuestra reciente democracia.
Fue enterrado el
día 25 de marzo de 2014 en la Catedral de Ávila, al lado de su mujer Amparo, su
gran amor y a escasos pasos de la tumba del presidente de la II República en el
exilio, Alfonso Sánchez Albornoz, con honores de Estado y con el cariño de la
mayoría del pueblo español, como solo mueren los grandes líderes: A pie de obra
y con el trabajo bien hecho.
Dictadura por Democracia
Y sabemos hoy, que
el aeropuerto de Madrid Barajas, se llama a partir de ahora Aeropuerto Adolfo Suárez en su memoria,
equiparándonos a los de otras ciudades del mundo, que portan el nombre de
importantes líderes políticos locales.
Excelente ocasión,
sin duda, para cambiar, de una vez por todas, el nombre de todas las calles
dedicadas a aquel general golpista bajito, regordete, de voz atiplada, de
funesto recuerdo, de toda nuestra geografía española, por el de los nombres de
nuestros presidentes democráticos. Un buen cambio: Dictadura por Democracia.
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Con su segundo, José Ramón Caso. Bilbao 1989. Fotografía © Roberto Cerecedo |
Abiertos al mañana y el mañana abierto al infinito.
Porque, afortunada
y esperanzadamente, como ya dejó
dicho el Duque de Suárez en su postulación a la presidencia del Gobierno de
España: “Estamos abiertos al mañana y el mañana está abierto al infinito”,
recordando los versos de nuestro mejor poeta, Antonio Machado, del que se
cumple el setenta y cinco aniversario de su partida.
Y nos queda el
trabajo bien hecho de El tahúr del Misisipi, como bien lo denominó el
vicepresidente del Gobierno de España, Alfonso Guerra.
Y las frases
certeras del presidente Suárez,
que tan oportunamente partieron de su boca en los momentos decisivos de
la historia de España:
“Hacer un Estado
nuevo de un Estado antiguo”, para enterrar la Dictadura. “Hay que elevar a
categoría de normal, lo que es normal a nivel de calle”, para impulsar la
Transición a la Democracia. “Puedo prometer y prometo”, para solicitar el voto.
“Almorzaré una tortilla francesa muy hecha, y un café con leche”, para mantener el pulso a los debates.
“Me quieren, pero no me votan”, su único lamento.
O el “Me voy sin que nadie me lo haya
pedido”, para un despedirse hasta siempre.
© Roberto Cerecedo. Todos los derechos
reservados.
Madrid. Miércoles 28 de marzo de 2014. Fiesta
de la Reconquista de la ciudad de Vigo.