viernes, 5 de noviembre de 2010

UN INTRATABLE PUEBLO DE CABREROS. MIGUEL HERNÁNDEZ. UN SOPLO FRESCO DE LIBERTAD

Miguel Hernández arengando a las tropas del Ejercito de la Nación
 
Era un martes de tarde soleada
Se había corrido la voz, por toda la ciudad, como un reguero de pólvora. Que a eso de la siete de la tarde, acontecería un hecho insólito
Un cabrero, un pastor de cabras, recién llegado de Orihuela, un pequeño pueblo de la provincia de Alicante, semi analfabeto, con mas formación que los estudios elementales, recitaría unos versos que habría compuesto, en el archifamoso Gran Café Gijón de Madrid.
Además, Miguel Hernández, que así se llamaba el buen hombre, había escrito también varios libros de poesía.

Sin estudios
Como otros muchos, Miguel Hernández, el malogrado poeta de la libertad, que ahora se cumple el centenario de su nacimiento, no pudo realizar estudios. Y no lo fue por problemas económicos. Sino por la decisión de un padre reaccionario.
En la España de entonces, la educación era un privilegio exclusivo de la clase dominante, predestinada a dirigir el país,y de sacerdotes católicos.
Y su imagen, de pastor poeta, fue oportunamente utilizada por el sacerdote Luis Almarcha, de inequívocas inclinaciones fascistas. Y por Ramón Sijé. Un joven, de amplia cultura y talentoso, que habría de morir a edad temprana. Quien sería decisivo, en el estimular su vocación literaria.

Los primeros pasos de un sencillo cabrero

Ramón Sijé, de inclinaciones igualmente autoritarias, accedió a prestarle libros de los clásicos españoles, al comprobar su gran interés por la literatura. Como Lope, Garcilaso, Quevedo, Juan de la Cruz, Calderón, Góngora. Pretendía presentar así, a un sencillo cabrero, que ponía en ridículo los denodados esfuerzos del gobierno de la nación, a favor de la educación y la cultura.

Retrato y Casa Museo

Su primer viaje a Madrid
Pero, como afortunadamente siempre ocurre, con los jóvenes de gran talento que viven en pueblos pequeños, llega el día en que Miguel Hernández no puede soportar por más tiempo, el ambiente estrecho y pueblerino de su ciudad natal. Y se da cuenta, de que muy poco podrá adelantar su creación literaria, si permanece en su pueblo. Y decide intentar la aventura en Madrid.

Un millar de versos. Carta a Juan Ramón
Antes, escribe una carta al escritor Juan Ramón Jiménez, anunciándole sus intenciones: “Tengo un millar de versos escritos sin publicar, le dice. Y en mi provincia se leen muy poco los versos. Y los que lo hacen no los entienden. Y heme aquí, con un millar de versos, que no se que hacer con ellos. A veces me digo que quemarlos tal vez fuera lo mejor. Soñador, como tantos otros, quiero ir a Madrid. Abandonaré las cabras. Y con el escaso dinero que puedan darme tomaré el tren para la Corte. ¿Podría Vd., dulcísimo don Ramón, recibirme en su casa y leer lo que le lleve?”

Un viaje de ida y vuelta
No se sabe, si Juan Ramón contestó a su carta. Pero dicen las crónicas, que a las pocas semanas de escribirla, el voluntarioso Miguel Hernández cogió el tren para Madrid. Llevando, por todo equipaje, una destartalada maleta llena de versos. Y que se siente abrumado por el trajín incontrolado de la Villa y Corte. Y que a los pocos días, las pocos dineros que había traído de su pueblo se le acaban. Y sin obtener ayuda alguna, ni conseguir publicar sus versos, se vuelve para su pueblo. Para refugiarse de nuevo en sus lecturas, en sus amigos y en la soledad de sus verdes prados. En donde amplía sus lecturas y escribe nuevos poemas.

Una modista de pueblo
Pero su vida, da un giro espectacular, en cuanto conoce y se hace novio de la que será su mujer y madre de sus dos hijos, Josefina Manresa. Una modista de pueblo, morena, inteligente y con clase. Y su amor le dará la seguridad necesaria e impulsará definitivamente su carrera.
Y toma de nuevo el tren para Madrid, por segunda vez. Con la misma destartalada maleta.
Pero esta vez, se siente seguro de si mismo y de su copiosa poesía. Y lleva consigo su portentoso auto sacramental,Quién te ha visto y quién te ve.

José Bergamín
Conoce entonces a José Bergamín, que decide publicarlo. En la revista Cruz y Raya que él dirige. Y a partir de entonces, esta publicación le abre el camino y se suceden otras. Y traba amistad con los mejores poetas de su tiempo: García Lorca, Aleixandre, Alberti, Neruda.

Presentado por Pablo Neruda
Alguien me dijo, que su recital, en el Gran Café Gijón de Madrid, sería introducido por su mentor, y buen amigo Pablo Neruda. El autor de España en el corazón y de Veinte poemas de amor y una canción desesperada.
Por lo que me pasé antes por la casa del poeta chileno, afincado por algún tiempo en Madrid. En el cincuenta y nueve de la céntrica calle de Menéndez Valdés. En el castizo barrio madrileño de Argüelles.
Que cordial e hospitalario, como siempre, Pablo Neruda me puso enseguida en sobre aviso.
-No te dejes engañar por las apariencias. Es una persona de convicciones sólidas.
Date cuenta Roberto, -me dijo, que Miguel Hernández proviene delmundo rural. Nacido en el seno de una familia humilde. Y criado en el ambiente rudo y campesino de Orihuela. De niño, fue pastor de cabras, hasta bien entrada su juventud.
Y no ha tenido otro acceso que a los estudios elementales, en la rígida e imperturbable moral católica apostólica y romana. Por lo que ha tenido un largo y costoso período de formación autodidacta.
Pero no se ha volteado la chaqueta, como decimos los chilenos. Ha efectuado un convincente recorrido de compromiso con la izquierda.
Yo le conocí con veinticuatro años, cuando se vino a vivir a Madrid. Y juntos fundamos la revista Caballo Verde, que está dando unos frutos sorprendentes, gracias a él.
Juntos también, iniciamos la revolución ideológica, de su tránsito del catolicismo conservador, a su compromiso social en la izquierda, al lado de los más necesitados.
No se si en esto, yo haya tenido quizá, alguna modesta influencia en su pensamiento. Al igual que la que haya podido tener Vicente Aleixandre o Federico García Lorca.
Pero lo cierto es, que ha reconducido su camino, por la sendera de la libertad. Por la que ahora lucha, sangra, pervive.
Tal es así, que ahora, a sus veintiséis años, se ha alistado en el Ejército de la Nación, frente a las tropas golpistas rebeldes que lidera el general Francisco Franco Bahamonde.
Recientemente, ha contraído matrimonio con una gran mujer, Josefina Manresa, que conoció en el frente. Y esperan su segundo hijo.
Sus hijos y su mujer,han fortalecido su poesía contundente y arrolladora. También sus grandiosos poemas. Que ha publicado en las revistas el Mono Azul, Nueva Cultura y Hora de España.
Actualmente anda, de recital en recital. Será un grandioso privilegio oírle. Si las bombas, de la aviación franquista, así nos lo permiten.

Cogimos un coche de alquiler, camino del Gran Café Gijón
-Su sorprendente interés por la literatura, -prosiguió Pablo Neruda, a mi lado, a mi izquierda, en el asiento de atrás del automóvil-, le ha llevado a estudiar en profundidad la obra de los clásicos. Conoce admirablemente a Luis de Góngora, Garcilaso de la Vega, Rubén Darío, Francisco de Quevedo. O a Antonio Machado, que ha influido muy decisivamente en su obra. No me extrañaría nada, que a mas de uno, le gustaría encerrarlo entre barrotes, por esta causa.

El conductor nos acercó hasta donde pudo, cerca de la plaza de Colón, llena de sacos terreros, a pocos metros de El Gran Café Gijón. Y justo, cuando descendíamos del coche, nos sorprendió uno de los numerosos bombardeos de la aviación golpista sobre Madrid. Y corrimos, precipitadamente, a refugiarnos a la boca del metro de la plaza.

Dentro del metro, a resguardo de las potentes bombas, no de sus bestiales sacudidas, observamos como un hombre, de curtida tez morena, facciones angulosas y de pelo corto, permanecía de píe, erguido entre la populosa multitud, mientras los demás fijamos el cuerpo en tierra.

-¡Es él. Mi amigo Miguel Hernández!- me dijo Pablo Neruda, señalando con su dedo índice, su imponente figura humana.

El poeta, el mejor dotado de su generación, el más intenso y rico en la expresión, estaba unos metros mas allá, pidiéndonos a todos calma, serenidad. A cada impacto. En las violentas sacudidas. En el sobresalto.

Su voz queda y pausada, y su sorprendente sangre fría, pudo salvar a muchas personas. Imponiendo su autoridad. Demostrando su sentido común y sensatez. Pidiendo no se corriera por los túneles, ni se gritara.

Y de su boca, emanaban las atinadas arengas para la libertad. Proclamas que se desplazaban prontamente, por las galerías subterráneas, los andenes, por los túneles debajo de la plaza de Cristóbal Colón, en un suave eco interminable. Al igual que cuando guiaba, acertadamente, a su populoso rebaño de cabras y ovejas, por las escarpadas laderas de las montañas de Orihuela, sabiendo traspasar el aire con su silbido afinado. O lanzar la honda, cargada de sus fecundos versos.

Jamás mis oídos oyeron tan bello y contundente poema. Tan hermosa arenga alguna, para la libertad herida, en aquellos delicados momentos.
La voz de Miguel Hernández era un torrente apasionado, que quiere inundarlo, iluminarlo todo con su canto.
Nunca olvidaré su tono, ni la profundidad de sus versos. Decían así:

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento mas corazones
que arenas en mi pecho; dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo,
y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella podrá dos piedras de futura mirada,
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño;
porque aún tengo la vida.

Terminada la contienda, traté inútilmente de encontrarle. Supe, que volvió a su pueblo natal, Orihuela, donde fue detenido por las tropas rebeldes franquistas. Condenado a muerte después, conmutada la pena luego.
Intenté incluso, en vano, le llegaran, algunas de mis cartas, redacté y le envié desde El Gran Café Gijón.
Pero, tras pasar por varias prisiones, Miguel Hernández murió en Alicante, el día veintiocho de marzo de mil novecientos cuarenta y dos, víctima de un largo proceso de tuberculosis.
Y a la obscena edad de treinta y dos años, como ocurre casi siempre con los jóvenes de mas talento, se truncó una de las trayectorias mas importantes y prometedoras, de la poesía española del reciente siglo veinte.
Seguramente, el único, que hubiese sido capaz, de llenar la enorme ausencia dejada por su también íntimo amigoFederico García Lorca.

-¡Miguel!, le llamaban sus amigos Vicente Aleixandre, Pablo Neruda y Federico García Lorca, de paseo por el Parque de la Ciudad Universitaria.

Y les contestaba, la sonrisa ancha, alegre, cordial y sana del poeta. Henchido de vida, desde lo alto de un árbol,al quese había subido.


Fotografía copyright: José Aymá 

Cientos de ovejas se adueñan del centro
Coincidiendo con la fecha, de la conmemoración del centenario de Miguel Hernández, el pasado domingo, treinta y uno de octubre, cientos de ovejas, se adueñaron del centro de la capital de España.
En un tradicional espectáculo, que forma parte de la Fiesta de la Trashumancia, que se celebra en Madrid, desde el año mil novecientos noventa y cuatro, fue observado por cientos de viandantes protegidos de la copiosa lluvia con paraguas.
Las ovejas fueron acompañadas por una docena de pastores, un nutrido grupo de caballistas, cuatros yuntas de bueyes, cinco vacas de la ciudad de amurallada de Ávila, y cincuenta de la Comunidad Autónoma de Cantabria.

Intratable pueblo de cabreros
Y eso, a pesar de que a algún político se le achaque, que hable como un cabrero. Y que esto, dicen, contribuya a aumentar el déficit en la educación, con su ejemplo.
Por eso, en el oportuno centenario de un poeta tan conmovedor, no viene mal, de vez en cuando, un soplo fresco de libertad, del feliz e intratable pueblo de cabreros.

Roberto Cerecedo. Todos los derechos reservados. Queda rigurosamente prohibida su reproducción total o parcial, por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, sin autorización expresa y por escrito del titular del copyright, bajo las sanciones establecidas en las Leyes
 

viernes, 2 de julio de 2010

Y VINO LA IGLESIA

Fotograma de la película 'La mala educación' de Pedro Almodóvar.

Mi único argumento, contra aquel colegio de bachillerato, de la capital de Galicia, uno de los más exigentes y costosos de la ciudad, era su disciplina marcial. Y que  los hermanos de las Escuelas Cristianas,  fueran muy perezosos en el aprenderse, uno a uno, el nombre y el apellido de la nutrida lista de alumnos del colegio. Y fueran, muy dados, a llamarnos por nombre del pueblo o de la ciudad de donde procedíamos. Hasta aquella larga noche oscura, de un frío mes de noviembre.

Don Aniceto. Un hermano del mal
La noche, en que el hermano Aniceto, el prefecto de estudios, apagó la luz general del dormitorio de los alumnos internos de bachillerato, a eso de las once de la noche. Y minutos después encaminó, vigorosamente sus pasos hacia la cama de aquel chico, tan mono, de la ciudad de El Ferrol, que tanto le gustaba.
-¿Te has puesto bien el pijama, Ferrol? ¿Está todo bien metido? Le dijo.
-Si, si. Hermano Aniceto Le contestó ingenua y candorosamente, con su voz atiplada, aquel muchacho de apenas doce años cumplidos.
-¡No, no, no!. ¡No ves como no está todo bien metido!. Le contestó con grandes aspavientos, muy bien estudiados, aquel religioso maduro, a la vez que deslizaba su mano adulta, dentro de su pantalón de pijama, empujando vigorosamente la chaqueta del pijama hacia abajo, en un claro intento de llegar a sus partes más íntimas.
Pero Javier Núñez, que así realmente se llamaba aquel niño de El Ferrol, no le facilitó sus ruines pretensiones aquella noche aciaga.  Como si hubiera presentido que algo extraño sucedería esa noche, estaba muy alterado y no permanecía quieto ni un segundo.
Por lo que, al no conseguir sus malvados propósitos, el religioso se dirigió a otra cama. La situada algo mas al fondo de aquel enorme dormitorio. La que ocupaba León.
Pero Ricardito Gómez, el chico de León, tenía malas pulgas, cierta corpulencia y estaba dotado de un fuerte carácter de niño resuelto y combativo. Y en el preciso instante, en que aquel  ángel del mal intentó introducir su mano peluda debajo de la sábana, le espetó con fuerza y enorme entereza: ¡Fuera de aquí!. ¿O qué se cree. Qué que soy una niña?.
Cogido, en tal imprevisto sobresalto, el hermano Aniceto, no supo que decir y se retiró prontamente, arrastrando sus pesados pies y llevando consigo sus deseos libidinosos a la intimidad de su habitación.

El actual Papa, Benedicto XVI.

La debilidad de la carne
Pero don Aniceto, ni muchísimo menos, se había dado aún por vencido. Era consciente que la Iglesia Católica era y es, muy comprensiva con la debilidad de la carne eclesiástica y que existía la absolución. Y había fijado también su lívido y sus ojos, bien abiertos, en aquel otro chico algo rollizo, de Ourense. Por lo que, a las cero horas, se acercó a su cama con inigualables y renovadas aviesas intenciones.
Pero aquel otro chico de la ciudad de Ourense, Pablito González, advertido como estaba, por las enérgicas voces de su compañero de León, se hizo el dormido. Y para no dar pie al pederasta protegió con firmeza y en silencio sus partes pudientes, con las dos palmas de manos bien abiertas. A pesar de que el hermano Aniceto intentó retirarlas.
Por lo que, tras los tres infructuosos intentos de esa noche, el hermano Aniceto inició descorazonado el camino de retorno definitivo a su confortable habitación, para en profundo recogimiento, en el ángulo oscuro de la soledad de su dormitorio, meditar renovadas tácticas, mas disuasorias.

Su buen nombre
Pero, al día siguiente, bien entrada la mañana del amanecer nuevo de un día nublado de otoño, ya se había corrido la voz entre los chicos. Y lo acontecido esa noche en el dormitorio de los alumnos internos, corría imparable de boca en boca por todo el colegio, como un inmenso reguero de pólvora.
Era un hecho constantemente repetido. No había sido la primera vez. Y el hermano rector del colegio de las Escuelas Cristianas no le cupo otra opción, que llamar a consultas al hermano prefecto de estudios a su despacho.
Pero el hermano prefecto de las Escuelas Cristinas de Santiago no se encogió.
Y cuando los alumnos que abarrotaron la clase de historia de España, entraron en su aula y tomaron asiento en sus pupitres respectivos, en fila y completo silencio, tal y como imponía la disciplina marcial de la curia franquista de aquellos años, se encontraron al  hermano Aniceto sentado en su mesa enorme, en lo alto de la tarima, con las manos asidas a su cabeza, mirando uno a uno directamente a los ojos. Cariacontecido, pero no arrepentido. Presionado, pero no apagado. Y envalentonado, con teatralidad controlada y cara de pocos amigos, se dirigió a su joven, adolescente e inocente audiencia:
-Algunos alumnos de este colegio, tronó, a viva voz, han subido a lo más alto del monte de El Pedroso de esta ciudad. Y desde allí han tirado, a los cuatro vientos, mi buen nombre escrito en un papel, roto en cien mil pedazos.
Y ahora, decidme. ¿Cómo vais a poder reunir ahora, todos esos infinitos trozos, esparcidos por el viento, por toda la ciudad?
¡Pues eso es lo que habéis hecho conmigo!
¡Después de todo lo que hecho por vosotros, me pagáis así!
Los alumnos externos, los internos y los nuevos y recién llegados, no acertaban a salir de su asombro y de la enorme capacidad que tenía aquel grandioso malvado, de convertirse en una sufrida víctima. Sin indicios de contrición cristiana, sin atisbo de escrúpulos, ni remordimiento alguno.

Son numerosos los casos de pederastia en todo el planeta
Actualmente en España, la Iglesia Católica ha protegido a sus ministros y ha dado la espalda a las víctimas de sus religiosos pederastas. Y en lo que va de año, hay ya catorce sacerdotes denunciados por abusos a niños. Y ocho curas con sentencias firmes condenatorias.
En Irlanda, un informe del mes de mayo, da detalle de décadas de numerosos casos de pedofilia, en centros dependientes de la Iglesia Católica.
Los hermanos salesianos, continúan siendo investigados por abusos en sus internados de Holanda.
En nuestra vecina Francia, el cardenal Castrillón llegó a felicitar por escrito a un obispo francés, por encubrir los continuos abusos de un sacerdote de su diócesis, a once niños.
Los obispos alemanes, admiten ahora que ocultaron asimismo casos de pederastia.
Al igual que en Austria, en donde el cardenal Hans Hermann, cesa en su cargo.
En México, Marcial Maciel, el fundador de los Legionarios de Cristo, que contó siempre con la protección del papa polaco Wojtyla, confesó que fue pederasta.

Una nota de color
La nota de color la da el obispo O´Connor, en Canadá, que fue condenado por agredir a dos chicas. Y las diócesis de las ciudades de Chicago y los Ángeles de los Estados Unidos, que han pagado mas de quinientos millones de euros, por casos de pederasta.
Y un amplio informe sobre abusos a niños, realizado también en los Estados Unidos de América, por una comisión independiente, por encargo de la propia Conferencia de Obispos Católicos, recogió la denuncia de diez mil seiscientas sesenta y seis personas.

Mezquinas habladurías
El actual vicario de Jesús de Nazaret, Benedicto XVI, que cumplió ochenta y tres años el pasado mes de abril, advirtió a todos que no se verá intimidado por mezquinas habladurías, tras conocer los diversos casos de abusos sexuales a niños, cometidos por sacerdotes y religiosos en todo el mundo. Aunque señala, que el hombre, en ocasiones, cae en lo mas bajo, a niveles vulgares y se sume en el pantano del pecado y la falta de honradez.

Tan solo es pecado
Como ya se sabe, para la Iglesia católica un sacerdote pederasta tan solo es un pecador, no un delincuente. Y si es descubierto, su inmediato superior, preocupado por el escándalo que pueda ocasionar su reprobable conducta, tratará de encubrirlo, para posteriormente llamarle discretamente a consultas, para rogarle que confiese sus pecados. O en su caso, cambiarle de parroquia. Nunca entregarlo a la justicia.
El mayor bien para un seguidor de Jesús de Nazaret, es la rápida redención por su Iglesia. El comenzar de cero. El poder  salir de un confesionario y reiniciar de nuevo su vida, libre de pecado.
El cura podrá ser perdonado, tantas y cuantas veces abuse de un niño. Y por muy execrable que sea su pecado, si se confiesa, siempre saldrá absuelto.

El cura José María Díez Alegría. Fotografía copyright Diario El País

Don José María Diez Alegría. Un hombre bueno
Pero también existen ciertos hombres buenos en la Curia Romana, como Díaz Alegría.
Que el sábado, a las cinco de la mañana, del día 26 de junio de 2010, a los 99 años de vital edad, se apagó una de las mentes más claras de la Iglesia Católica: don José María Díez Alegría.
Usaba unas gafas grandes marrones, de pasta dura. Lucía un corte de pelo discreto, de entradas de sienes plateadas, en ocasiones marchita, propias de su edad.
Y hacía uso de una voz envolvente, pausada y reflexiva, y de una conversación fluida, amena, sabia, picarona, sin pelos en la lengua, de belleza inigualable.
Decía que no le gustaba que le llamaran padre, puesto que, argumentaba, solamente había uno y ese estaba en los cielos. Prefería le llamaran cura.Pero sus numerosos seguidores, del Pozo de Tío Raimundo y los que le conocían bien, le llamaban don José María.
Era, un hombre machadiano, en el amplio sentido de la palabra bueno. Y un lúcido conservador marxista, intimo amigo del padre Llanos.

El Aula abierta de Cultura
Tuve el enorme privilegio de conocerlo a sus ochenta años, recién cumplidos. Hará ahora diecinueve años. Cuando él me honró aceptar acudir al Aula Abierta de Cultura que organizaba.
Al foro permanente de debate, de marcado talante cultural, social, de investigación e interés publico, que orgullosamente dirigía, en la Universidad Popular de San Sebastián de los Reyes, un pueblo próximo a la ciudad de Madrid.

La interrupción del embarazo
La distendida conversación, que mantuve con el Presidente de la Asociación de Teólogos Juan XXIII, una asociación de talante progresista, que gustaba poco al Vaticano, pero que José María Díez Alegría procuraba fueran, al menos, unas relaciones de equilibrio inestable, giró, principalmente, en torno a un tema de continua actualidad: El mal trago que supone a la mujer y también al hombre, interrumpir el embarazo.

El Documento Episcopal
Y porque, escasos días antes, la Iglesia Católica, en un extenso Documento, lo había calificado como crimen aberrante y genocida.
Y puesto que, tal día como hoy, el cardenal Antonio María Rouco Varela ve, en la sociedad europea, un panorama oscuro y desolador. Y especialmente a la española. A la achaca a otros modelos de familia, diferentes a la moral católica tradicional.
El cardenal Rouco Varela mantiene, que: " Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente. Que el aborto, es una violación gravísima del orden moraI". Y se opone al matrimonio homosexual, "que es un desorden moral, psicológico, indigno, que tiene cura", dice, que va contra los actuales modelos de familia: "Un panorama desolador para los cristianos, puesto que la familia católica tradicional es la única que dignifica a la persona".

El miedo en las iglesias desde los púlpitos.
Nuestra conversación, con Díaz Alegría, fue discurriendo después por los infinitos caminos inescrutables de la Iglesia Católica, en los que era fácilmente toparse día a día, desde los púlpitos de las iglesias, con la amenaza de la excomunión. De la expulsión del redil de la Iglesia Católica a todo aquel que incumpla la orden. Un documento anti abortista que la jerarquía católica, había hecho coincidir intencionadamente con una consulta electoral. Y que pedían abiertamente el voto, desde los púlpitos de las Iglesias, a los partidos que defendieran la vida. Y que la casi totalidad de los responsables de todos los partidos políticos, habían lamentado la falta de respeto de la Iglesia Católica a la ley, a los derechos humanos y nuestras libertades.

La excomunión
Alegría, como así lo llamaban sus numerosos partidarios, me dijo, con toda serenidad, pero también con la libertad de alegría de espíritu le caracterizaba, que esta vez el documento de los obispos católicos decían una cosa que era verdad.
Que en el anterior Código de Derecho Canónico habían muchas excomuniones, alrededor de treinta, y que el nuevo Código, las ha dejado reducidas a siete.
Por lo visto, en el Código anterior existía la excomunión automática, sin necesidad de juicio, para quien procurara el aborto. Y que al reducir tanto las excomuniones, esperaba que ésta también se suprimiera. Pero que lamentaba no hubiera sido así.
Para este hombre bueno, le era incomprensible, que frente a la vida, no haya mas excomunión que para quien mate al Papa y para el que realiza el aborto. Y que otro tipo de homicidio, el asesinato, genocidio, parricidio, no tiene excomunión.

La localización del problema
Para este enorme teólogo, castigado por la Curia Romana Vaticana, existe una cerrazón de la otra parte por no ver el problema.
"El problema está en lo que se llama conflicto de valores, en el caso de que peligre gravemente la vida de la madre, por llevar adelante la gestación.
En estos casos extremos, de la vida, de la salud, de la familia, en la que hay que tener una actitud de respeto de ser concebido y no nacido, pero también a la madre. Cuando al tenerlo crea un problema grave de estabilidad familiar, psicológica. No digamos producto de una violación".
Incluso, desde el punto de vista ético, José María Diez Alegría no se atrevía a condenar a la mujer o a la pareja, que ante esta situación opta por abortar. "Dejaría ese juicio a alguien superior a él", nos dijo. "No en el sentido de jerarquía eclesiástica. Sino en un sentido mas profundo".

La ética racional de un profesor de ética y filósofo. La verdad revelada.
Como profesor que fuera de ética, teólogo y filósofo, creía, en primer lugar, que es un problema de ética racional no revelada. Lo que se llama comúnmente de ley natural. Y que la fe cristiana podrá añadir una motivación mas, pero no hay una cosa revelada sobre ello.
"En las Escrituras no hay ningún elemento definitivo. Y los mismos obispos, en los documentos que se refieren a estas cosas, dicen que se dirigen no sólo a los creyentes, sino a todos los hombres, porque se tratan de temas de ética universal".
José María Diez Alegría, se diferenciaba de otros, en el sentido de que para él "la vida humana es un valor que exige un gran respeto, incluso en la gestación".
Y no veía, de ninguna manera, "que Dios condene una situación tan realmente difícil".

La distinción entre el problema ético y el problema jurídico.
Y ponía un ejemplo clásico, desde el punto de vista de la jerarquía católica, el de Santo Tomás de Aquino,  considerado como el mas grande de nuestros teólogos medievales eclesiásticos.
Aquella de que. "El Estado, por razones de bien común y para evitar mayores males, puede permitir jurídicamente cosas que éticamente pudieran ser reprobables".

La ley de plazos
Y que luego está la cuestión de plazos: "Que desde el punto de vista ético, el plazo no decide la cuestión, sino las razones que hay. Y hay una serie de gente, que tienen una tremenda intolerancia contra los que se inclinan a abortar. Y se producen una serie de complicaciones tremendas. El dejar las primeras semanas, un plazo de prudencia pequeño, no es decir que se pueda hacer lo que se quiera. Sino que el Estado no impone y deja la decisión a la conciencia de la gente". Afirmó.

El castigo que vino de Roma
Además de éstas y otras acertadas reflexiones sobre el transcurrir de la vida, sus numerosos libros: Teología frente a la sociedad, Teología en broma y en serio, crean alborozo entre sus fieles lectores e inquietud en Roma, que le prohíbe publicar uno de ellos.
- Su libro, Yo creo en la esperanza, fue un auténtico best seller en la época. Y motivo para que fuera excomulgado de la Compañía de Jesús, señor Díez Alegría, le dije.
– Bueno. No fui excomulgado señor Cerecedo.
– Le invitaron, don José María, a retirarse durante dos años.
– Estuve retirado durante dos años. Pero hay que decir, como expliqué en el diario El País, en una columna sobre la muerte del Padre Arrupe, que era el General de la Orden cuando pasó, que él lo hizo obligado por el Vaticano.
– Entonces le obligaron a irse.
– No, no. Yo tuve que salir jurídicamente de la Compañía momentáneamente y de una manera amistosa. O sea, que no tuvieron que echarme, sino que yo me presté a marcharme. Pero seguí y sigo viviendo en comunidades de la Compañía de Jesús como un miembro mas. Lo cual indica dos cosas: Que la Compañía lo hizo obligada por las circunstancias, y que no tiene nada contra mi.
– Acabados los dos años, usted los mandó a paseo.
- Es que acabados los dos años, tampoco podía volver si no hacía una especie de retractación. Y eso a mi no me parecía bien.

El banquero
Cuentan de él, sus más íntimos, que en cierta ocasión un banquero se le acercó para confesarse.
-Mire usted, padre, yo soy banquero.
Y el cura, José María Díez Alegría, sacó de su rico repertorio su mas fino y atinado humor y le contestó enseguida:
-¡Mal empezamos!
Y que el banquero se levantó del confesionario y se fue con un tremendo enfado.

Y es que él, que era hijo de un banquero, que había nacido en la sucursal del Banco de España de Gijón, de la que su padre era director y vivía en una chabola del pueblo El Pozo de Tío Raimundo de Madrid, se tenía la lección bien aprendida. Y el tener dos famosos hermanos generales le salvó de numerosos problemas con la dictadura del general golpista Francisco Franco y también de la cárcel, en numerosas ocasiones.
Le preocupaba enormemente el alejamiento de la Iglesia Católica del pensamiento del palestino Jesús de Nazaret.
"Jesús predicó el reino de los cielos, y vino la Iglesia", solía decir certero.

Roberto Cerecedo. Todos los derechos reservados. Queda rigurosamente prohibida su reproducción total o parcial, por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, sin autorización expresa y por escrito del titular del copyright, bajo las sanciones establecidas en las Leyes.

martes, 2 de febrero de 2010

SE VAN DE ROSITAS. ME MORIRÉ SIN PISAR NUEVA YORK


Montaje del FBI con una imágen de Llamazares

Dicen, los que de esto entienden, que en la vida, hay siempre una muerte que nos marca para siempre.
Para muchos, de nuestros compatriotas españoles, fue la horrible matanza del 11M.
Para otros, la de la mañana del 11 de septiembre de 1973: La del presidente constitucional Salvador Allende. Una muerte muy dolorosa, que marcó a varias generaciones de ciudadanos chilenos. Inicio de innumerables detenciones arbitrarias, terribles torturas, una enorme nómina de asesinatos, la copiosa lista de desaparecidos, y de una larga dictadura.
Una muerte, que a los ciudadanos estadounidenses también los marcó para siempre. Se sabe ahora, su vergonzosa implicación en el derrocamiento de un gobierno democrático. En el decidido apoyo de la Administración de Estados Unidos, a uno de los asesinos más sanguinario de América: el general golpista Augusto Pinochet, de funesto recuerdo.
Y hay también otro 11 de septiembre igualmente doloroso: El del maldito ataque a las Torres Gemelas estadounidenses de 2002.

A la hora del almuerzo
Esa tarde, a la hora del almuerzo, me encontraba en Madrid, en la bóveda del entrañable restaurante del Gran Café Gijón de Madrid. Bien acompañado por los periodistas y leales amigos Miguel Ángel Aguilar, Alejandro Fernández Pombo, Ignacio Fontes, Raúl del Pozo y José Vicente de Juan.
Preparábamos, en una reunión fraternal, los actos conmemorativos del veinticinco aniversario del fallecimiento mi hermano, Francisco “Cuco” Cerecedo, que me marcó para siempre de manera muy especial.
El sin par Ignacio Fontes, que portaba un pequeño transistor de radio, acoplado a su oído, fue quien nos informó prontamente:
-Han estrellado un avión contra las torres gemelas de Nueva York.
Y como un resorte, todos nos precipitamos al televisor del restaurante, para observar las imágenes que se trasmitían en directo.
Pero, casualmente, o no tan casualmente, vimos también entremezcladas en la
información, las imágenes de algunos países árabes celebrando el ataque.

La humillación
La misma celebración. Los mismos lamentables saltos de alegría, que vimos efectuar a los soldados judíos israelíes, del ejercito ocupante del territorio palestino, cuando cercaron y destruyeron la ciudad de Gaza. Y aniquilaron a mil quinientas personas, la mayoría ancianos, mujeres y niños.
O las imágenes de unos gozosos jóvenes soldados, festejando la ocupación y destrucción de la Radio y Televisión Palestina.
Cada día, numerosos ciudadanos palestinos son detenidos, arbitraria y discriminadamente por el ejército judío israelí. Y son vilipendiados y humillados, en su propia tierra, en los numerosos controles, en el muro de la vergüenza. Con la sorprendente complacencia del Gobierno de Estados Unidos.
Es ya, casi habitual, que diariamente mueran veinticinco ciudadanos palestinos,
sean borrados, de la faz de la tierra, innumerables pueblos y aldeas palestinas, derribadas impunemente sus casas, y que los soldados se apropien de sus tierras para dárselas a los colonos judíos.

La declaración de guerra
Los Estados Unidos nunca ha declarado la guerra a América o a Oriente Próximo. Es verdad.
Nunca ha sido una guerra limpia. Siempre ha jugado sucio. Porque ha pagado, planificado y sostenido muchas guerras sucias. Invasiones masivas, convenientemente planificadas. La mayoría, para acabar con democracias consolidadas, e implantar un régimen autoritario.

La guerra justa del Premio Nóbel
Al actual presidente, Hussein Barack Obama, le han entregado recientemente el Premio Nóbel, de la Paz. Y al todo poderoso presidente estadounidense, le hemos oído decir, en el acto protocolario de entrega de Oslo, que hay guerras justas.

La contundencia de la memoria
No es cuestión, de recordar aquí, algunos desafortunados datos históricos recientes. Como la dolorosa guerra, fraticida, de independentistas y unionistas, para culminar la autodenominada Declaración de Independencia.
Tambien, la lamentable guerra, con los aborígenes e indios americanos. Recordada, por cierto, machaconamente, una y otra vez, por las compañías cinematográficas estadounidenses. O otros hechos contemporáneos.
Como que el presidente Gerald Ford primero y Jimmy Carter, después, dieron su apoyo incondicional a la siniestra Nicaragua, del dictador Anastasio Somoza.
Luego, los presidentes estadounidenses Eisenhower, John Kennedy, Lindon B. Johnson y Richard Nixon, mandaron las tropas estadounidenses, que invadieron Viet-nan.
Vino después la devastadora bomba atómica de Hiroshima.
Y para concluir, el ex presidente Jorge Uve Doble Bush, realizó otra guerra justa, en la invasión y ocupación de Irak. Para quedarse con su petróleo.


Fotografía: Sergio Pérez/Reuters

Volverían a hacerlo
Antonio Blair, con gesto desafiante, concluyó sus seis horas de comparecencia, ante la Comisión Investigadora, de la Participación del Reino Unido en la invasión de Irak. Sin el brillo en los ojos de antaño, ni su sonrisa cautivadora.
Dicen las crónicas periodísticas londinenses, que el ex primer ministro británico empezó el día nervioso. Pero que dio pruebas, de que se había preparado muy bien su comparecencia. Y que a lo largo de el día, fue cogiendo seguridad en si mismo. Que llegó dos horas antes. Que aún no había amanecido en Londres. Que eran apenas las siete y media de la mañana, del viernes, día 29 de enero. Y faltaban dos horas para prestar declaración.
Y que cuando el presidente de la comisión, sir John Chilcot, le dio la oportunidad de mostrar arrepentimiento, o al menos algo de lástima por las docenas de miles de personas muertas en Irak, la desperdició por dos veces.
-¿Haría algo de otra forma?. ¿Se arrepiente de algo?, le preguntó el señor Chilcot.
-La guerra ha provocado divisiones. Pero ahora estamos mas seguros, le respondió Blair.
-¿Y no se arrepiente de nada?, insistió sir John.
-Siento responsabilidad. Pero no me arrepiento de haber derrocado a Saddam. Volvería a hacerlo. La guerra era legal. Respondió desafiante, ante los familiares de veinte soldados británicos fallecidos en Irak, que le reprocharon su actitud.
Negó, incluso, que hubiera llegado a un pacto de sangre con el ex presidente estadounidense George Bush en 2002 para invadir Irak. Y que hubiera declarado meses antes, en una entrevista televisiva, que habría apoyado el derrocamiento del presidente iraquí Saddam Hussein, aunque hubiera sabido que no había armas de destrucción masiva en Irak. Entrevista que el canal de televisión británico BBC, se encargó de recordárselo, emitiendo numerosas veces esas declaraciones.
Fuera, delante del Salón del Centro de Conferencias Isabel II, le esperaban varios miles de manifestantes británicos, para decirle lo que pensaban de él. De todo, menos bonito.
Dentro, lord Tony Blair, enfundado en su pulcro traje de ejecutivo, camisa blanca impoluta y su corbata roja, era ajeno a los ríos de sangre que corrían por el suelo del salón de urgencias de los hospitales de Bagdad. Y a los alaridos de dolor de los miles de iraquíes, por las horribles quemaduras producidas por el fósforo. Y a los montones de cadáveres en descomposición, que se amontonan en la morgue de la capital iraquí.

Un antes y un después
La invasión, y la larga lista de muertos, mutilados y heridos graves, marcó un antes y un después en la carrera de Antonio Blair. Y la funesta sombra de Irak, oscureció para siempre la tumba de una brillante carrera política.
Ya no luce la sonrisa arrogante, de la fotografía de las Azores portuguesa, de 16 de marzo de 2003, antesala de la invasión. Al lado del dueño de todo el tinglado, y del ex presidente español. Junto a el maestro de ceremonias, el ex presidente de la Comisión Europea, el portugués José Manuel Durao Barroso, que no sale en la foto.

El veredicto
El veredicto, de La Comisión Investigadora, de la Participación del Reino Unido en la invasión de Irak, tiene que ser justo. Pero nadie le pedirá responsabilidades al ex primer ministro Tony Blair. Tampoco lo hará Hussein Barack Obama con George Doble Bus. Ni se creará una Comisión en España. Aunque el ex presidente español, José María Aznar, haya declarado que hizo lo correcto y que volvería a hacerlo.

Las otras guerras justas
En nuestro país, España, ya contamos, con otra guerra justa: La guerra cultural estadounidense.
La invasión, del territorio europeo, de la forma de vida de su vertiente conservadora, distante, inapetente, puritana.
Su cultura liviana, materialista, narcisista, fóbica a cualquier tipo de compromiso, es un hecho que ha calado en nuestra población mas joven.
Además nuestros jóvenes imitan su estética, con esos rapados de pelo al cero, propio de los belicosos marinos estadounidenses. Camisetas y pantalones de raperos neoyorquinos. Y enormes zapatones de plataforma y voluminosas zamarras de pluma.

La incultura de su intimidad personal, la de su vida social
Y ya no se divierten como antes en locales íntimos, con sus chicas, chicos o amistades cercanas. Sino en los grandes parques y en enormes concentraciones, con el engaño del alcohol y la litrona. Se saludan, con un darse la mano, evitando el contacto físico.
Una mala copia, de la estética conservadora estadounidense, con la que nos vemos bombardeados a diario en toda Europa.
Tal es así, que montamos mañana un portentoso espectáculo, innovador, contemporáneo, o creamos el diseño mas revolucionario del mundo, y a los tres días, lo tienes disponible en la séptima planta de unos grandes almacenes de Nueva York. Es la guerra total. Y quizá Europa esté perdiendo la batalla.

El difícil equilibrio entre la Intimidad Personal, y la Seguridad
Va ha ser inevitable, la implantación del scanner de desnudo corporal en nuestros aeropuertos europeos. Y en casi todos los del mundo.
Sin duda, motivado por enormes fallos en la seguridad. Pero sobre todo por la desacertada política exterior, de los Estados Unidos. Que en su estado actual, de psicosis colectiva permanente, nos vienen incordiando en los aeropuertos, desde tiempo atrás. Y ahora, pretenden desnudarnos de cuerpo completo. Lo que es una clara lesión de nuestros elementales derechos al honor, la intimidad personal y a la propia imagen.

El uso malintencionado e intolerable de la intimidad del señor Llamazares
Un anticipo malintencionado, gravísimo e intolerable, es que la administración estadounidense, a través de su Central, de Inteligencia, o el FBI, da igual, halla hecho uso de una fotografía del diputado español don Gaspar Llamazares. Nada menos que para elaborar un retrato robot, de su bestia negra: Osama Bim Laden. Casualmente, el terrorista mas buscado. Por el que ofrecen varios millones de dólares de recompensa por su captura. Y todavía hoy, la fotografía del señor Llamazares, sigue figurando, en el archivo gráfico correspondiente a Bim Ladem, de la Agencia británica Reuters.

Obama no visitará a España en 2010
Se sabe ahora, que el presidente estadounidense ha decidido recortar su agenda internacional. El presidente Obama no acudirá a la Cumbre de Madrid Europea Estadounidense, prevista para el mes de mayo de 2010, para concentrar todos sus esfuerzos en la política interior de su país. Y no visitará España, durante la presidencia europea de nuestro país, ni al presidente, el señor Zapatero.

Ya lo advirtió Francisco Cerecedo
Mi hermano, el mítico periodista Francisco “Cuco” Cerecedo, lamentablemente fallecido en Bogotá, el 3 de septiembre de 1977, consumado especialista en el llamado Tercer Mundo, Oriente Próximo y América, a la vuelta de uno de sus innumerables viajes, a alguna tierra desprotegida y tras su conocimiento sobre el terreno de la opresión de los mas necesitados, por las guerras justas, y la política exterior de los Estados Unidos, exclamó: ¡Me moriré sin pisar Nueva York!
Y así fue: Francisco Cerecedo nunca estuvo en Nueva York, ni en ninguna parte de los Estados Unidos.