viernes, 21 de septiembre de 2012

EMOTIVO ADIÓS AL MITO CURRITO DE LA ZARZUELA, MAS CONOCIDO POR SANTIAGO CARRILLO

Rafael Alberti, Enrico Belinguer, Secretario General del PCI; Santiago Carrillo y Dolores Ibarruri.
Fotografía copyright de Roberto Cerecedo

Figura de la Fiesta Nacional
Hoy, 18 de septiembre de 2012, será un día difícilmente inolvidable. Puesto que prestigiosos reyes, altos mandatarios, principales líderes políticos y autoridades del mundo de la Comunicación, las Artes y la Cultura, despedimos a un mito. Una figura de las más relevantes de la Fiesta Nacional: El Currito de la Zarzuela. Mas conocido por don Santiago Carrillo Solares.  

Una enorme deuda de gratitud
Era un mito socarrón, próximo, agudo, certero, brillante. Que mantuvo plena lucidez mental hasta su última hora, la hora de la siesta, en la que se durmió dulce y plácidamente, a punto de cumplir sus noventa y ocho años. Y lo hizo a las cinco en punto de la tarde. En una hora tan taurina. Muy acorde con su sobrenombre taurino. De una soleada tarde, del todavía cálido mes de septiembre madrileño. Como si le estuviera esperando. Y nuestro país, España, mantendrá una enorme impagable deuda de gratitud.  

Campaña Electoral. Mítines. Entrevistas
Tuve el enorme privilegio, como otros muchos, de conocer su sapiencia en diferentes foros, en el autobús de la campaña electoral a la Presidencia del Gobierno de España. En donde las muchas horas de trayecto y de convivencia por todos los pueblos y ciudades, influía para que el grupo de periodistas y político actuaran conjuntamente, en un clima distendido y de máxima colaboración informativa. En sus celebrados mítines, en las entrevistas.  

Radio. Tertulias de la Universidad Popular
Un día le tuve un par de horas en Onda Madrid Radio. La emisora radiofónica de la Comunidad Autónoma de Madrid. Y como fue, que la técnica de sonido y el editor, me pidieron permiso para hacer una copia de la entrevista, para escucharla de nuevo en sus respectivas casas. Otro día, pude contar con él, su generosidad y elegancia desplanchada no le permitían decir no, en las Tertulias de la Universidad Popular, que organizaba y dirigía en el pueblo madrileño de San Sebastián de los Reyes, fundado por los Reyes Católicos. Fue una inolvidable charla, distendida y amigable, no exenta de polémica, sobre su dilatada vida y de temas en los que él era un curtido experto: El Eurocomunismo, la Perestroika, el Muro de Berlín. Una inigualable oportunidad de charlar en primera persona con él, como en el salón confortable de tu casa, de temas tan apasionantes. Pero con alguien de gran prestigio, próximo, conocedor en profundidad de los temas de propuestos.  

Ha sido muy polémico ésto
A la tertulia asistieron también un nutrido grupo de comunistas de la vieja guardia de su propio partido, que finalmente acabaron integrados en el Partido Socialista. Y militantes del por aquel entonces recién creado Izquierda Unida. Militantes, estos últimos, que le pusieron por momentos en aprieto, y que le hiciera confesarme a la salida: Ha sido muy polémico esto.  

El serial
Pero a lo que voy. Lo más importante. Nada será posiblemente comparable, inclusive todo lo que se ha escrito, dicho, y que se podrá escuchar o leer como aquel día de 18, del mes de mayo de de 1977. Fue un día próximo a las fiestas de san Isidro Labrador, patrón del rompeolas machadiano de todas las Españas. En las que el toro, figura y tótem de la Fiesta Nacional por excelencia, es el gran protagonista. En el que el también mítico periodista y escritor, Francisco Cerecedo, pensó en recoger la vieja fórmula del serial periodístico con un nuevo estilo. La fórmula, una entrega diaria al lector de un conjunto de artículos periodísticos relacionados entre sí y sucediéndose unos a otros, tuvo un tratamiento original por parte de Francisco Cerecedo, quien propuso a Miguel Ángel Aguilar, director de Diario 16 y uno de sus grandes amigos, una idea genial: Escribir una serie con las biografías de los doce políticos de mayor peso del momento histórico que vivía el país y que iban a concurrir a las próximas elecciones democráticas, las Constituyentes, pero hacerlo utilizando léxico, tópicos y latiguillos del lenguaje taurino, como si los políticos fueran los grandes matadores de la Fiesta Política Nacional. Aguilar, tan aficionado a los toros como el propio Francisco Cerecedo, aceptó la idea encantado. Y acordaron que las reseñas de los primeros espadas de la política aparecieran dentro de las páginas las dedicadas a la Feria e, igualmente, se publicarían tantas como días duraba la feria taurina de san Isidro.

 Ingenio, entereza, gallardía, testimonio
 Como expresó José Mayá, editor de Ediciones Sedmay S. A., que recopiló estos artículos en un libro póstumo, Figuras de la Fiesta Nacional: “El lector encontrará en estos artículos, el ingenio, la gallardía y la entereza de un hombre que supo decir lo suyo en el momento oportuno y la talla de un gran periodista. Un hombre joven, que su indudable talento, su pasión por la tarea diaria -era lo que se llamaba un infatigable trabajador- prometían a España, y al periodismo de nuestro tiempo, muchas más páginas de brillante agudeza; páginas que como éstas tenían asegurado el futuro, pues en Cerecedo el periodismo tenía un valor de testimonio de su tiempo, y es lógico que los testimonios perduren”.

El sobrenombre
Francisco Cerecedo quiso que todas estas biografías de las Figuras de la Fiesta Nacional, gozaran, al igual que gozan las figuras taurinas, de un sobrenombre por el que se les conocen en su vida profesional. Y guardó celosamente la norma no sólo para las figuras biografiadas, sino con los personajes secundarios que aparecen, parodiando entre los reales de las figuras famosas del toreo y el inventado para la coyuntura del personaje político.

Congreso del Partido Comunista de España PCE. 1981.
Fotografía de Roberto Cerecedo


El Currito de la Zarzuela
Y la segunda entrega de este serial, la del miércoles 18 de mayo de 1977, correspondió al inolvidable torero del momento: “Currito de la Zarzuela”, más conocido por Santiago Carrillo Solares, líder del Partido Comunista de España: “Famoso torero monárquico que ha adquirido últimamente amplia popularidad. Diestro capaz de despertar grandes polémicas en torno a su figura. En su vida en los ruedos ha alternado éxitos clamorosos con espectaculares “espantás”.

La divisa rojigualda
Si admirables fueron las dos históricas faenas que hiciera, en 1964, en la plaza de París, a dos toros de las ganaderías de don Fernando Claudín y de don Jorge Semprún, a los que cortó el carnet, oreja y cargo, los buenos aficionados no pueden dejar de recordar tampoco la inesperada “espantá” protagonizada por Carrillo recientemente en la plaza de Madrid ante un toro de carril de la República. Como es frecuente en los diestros artistas, es bastante supersticioso. Y se niega en rotundo a torear astados que no lleven la divisa rojigualda, rompiendo sorprendentemente con su inveterada predilección por las ganaderías de divisa tricolor”. Escribía Francisco Cerecedo.

 Atravesó la frontera clandestinamente
Explicaba cómo el secretario general del PCE atravesó la frontera española clandestinamente, en vísperas de la legalización del partido, con pasaporte falso, disfrazado con una peluca y acompañado de su amigo el empresario Teodulfo Lagunero: “Torero con gran capacidad imaginativa, pasará a la historia de la fiesta nacional como inventor de numerosos pases, como el “pase de la frontera”y el de la “media peluca”. Su detención histórica por la policía postfranquista: “La única locura que se le conoce es haberse tirado de “espontáneo”en el ruedo ibérico el 22 de diciembre de 1976, oculto tras una peluca, siendo detenido por la autoridad competente”.

 Abandonó la dictadura del proletariado
El abandono de Carrillo “de la dictadura del proletariado” en contra de la tesis oficial soviética, y el apoyo a lo que llamó “eurocomunismo” para diferenciarlo del neoestalinismo soviético y que contó con el apoyo explícito de sus colegas europeos de Francia e Italia, George Marchais y Enrico Berlinguer, respectivamente, que se presentaron en el aeropuerto de Madrid-Barajas para apoyar la legalización del PCE, era para Francisco Cerecedo otra suerte torera propia de “Currito de la Zarzuela”: “Sobre todo, la “eurochicuelina”, que le ha otorgado merecida popularidad en su tierra, contra la opinión de los aficionados del otro lado del Volga, más partidarios de preservar la pureza de la fiesta”.

Manifestación Anti OTAN. Fotografía copyright de Roberto Cerecedo

 La moda de las mujeres toreras
Las maniobras para impedir las intervenciones públicas de talante soviético de la presidenta del PCE también eran retratadas con ironía: “Tanta facilidad para la innovación coincide, paradójicamente, con un espíritu profundamente tradicional. Así, se muestra contrario a la moda de las mujeres toreras y ha tratado de retrasar la presentación en los ruedos hispanos de Dolores Ibarruri “La Pasionaria”, cuyo toreo clásico es seguido con interés por un sector de la afición”.  

Miedo a volar
Como su acusado miedo a volar: “Tampoco le gusta el moderno sistema de viajar en avioneta de una plaza a otra como hacen la mayoría de sus compañeros de profesión”, que resolvía gracias a la amistad que mantenía con el dictador de Rumanía, quien le había regalado un viejo coche blindado: “Prefiere trasladarse con su cuadrilla en un viejo Cadillac de segunda mano que, anteriormente, había pertenecido a un torero rumano, Nicolai Ceacescu, “Serranito de Bucarest”, que estuvo a punto de presentarse en Palma de Mallorca hace meses”.  

Conversaciones secretas con el Presidente
Sobre las conversaciones secretas con el Presidente del Gobierno acerca de la transición a la democracia española: “Habla siempre bien de sus compañeros de cartel, especialmente de Adolfo Suárez ‘El Posturas de la Moncloa’”, y su falta de entendimiento con Manuel Fraga: “Su único odio conocido es el matador gallego “Niño del Referéndum”, Manolo Fraga, a quien, en un arrebato de agresividad ha llegado a calificar de ‘demente’”
 
Roberto Cerecedo. Todos los derechos reservados. Queda rigurosamente prohibida su reproducción total o parcial, por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, sin autorización expresa y por escrito del titular del copyright, bajo las sanciones establecidas en las Leyes
 

miércoles, 11 de julio de 2012

LA EMBAJADA DE ISRAEL, UN EFICAZ CHECK POINT

Una estudiante Palestina cruza un check point en la ciudad de Belén, ocupada por el ejército israelí.
 
El encuentro

Coincidieron las miradas. Entre los canapés y el vino español que se sirvió, tras una prestigiosa entrega de premios de la agencia estatal de noticias EFE, a los más destacados periodistas españoles y extranjeros del año, presidida por sus Majestades los Reyes de España.
Él, con su flequillo a lo Beatles y su mirada imprevisible tras unas gafas de montura de pasta negra. Yo con la mía: Sorpresiva, expectante. Como se sabe, con la llegada del Partido Popular al Gobierno de España, las agendas y el listado de invitados han dado un vuelco espectacular. Y son otras gentes, las que se encuentra uno en los actos y las que acuden a los grandes eventos. Personas afines o más en consonancia al signo político conservador del gobierno actual.

-El embajador de Israel. ¿Verdad?. Le pregunté, en cuanto se me acercó.
-Si. Soy el embajador de Israel. Me ratificó.
-Soy Roberto Cerecedo, me presenté.
-Si. Se quien es Vd. Encantado de conocerle. Ya me dijeron que posiblemente nos encontraríamos aquí. Podríamos vernos uno de estos días en la embajada y hablamos.
 -Sería un placer, embajador.
-Dispondré entonces, me dijo, que le llame el director de mi Gabinete, para fijar una cita.
-Estupendo. Espero su llamada entonces embajador.

La cita

Efectivamente, unos pocos días después, la esperada llamada de la embajada. Me pongo. Y al otro lado del teléfono, una señorita, Francisca, me dice que el señor embajador del Estado de Israel, Alon Bar, me recibiría el martes, día diecisiete de abril, a las diez de la mañana, en su Embajada. Y acepto. Ese día, en la capital de España, lucía un sol espléndido. Con una temperatura muy agradable. Muy propia de la estación primaveral en la que nos encontrábamos, antesala de los calurosos meses de verano. Y la embajada de Israel se encuentra a escasos diez minutos de la Asociación de Periodistas Gráficos Europeos.
Por lo que decliné la gentil invitación me ofreció el taxista que se encontraba aparcado en la puerta. Y aproveché para subir por la calle del pintor Diego de Velázquez, efectuando el breve, pero placentero paseo, que me obsequiaba esa hora de la mañana.

 El paseo

Haciendo camino al andar, fui dejando a mi izquierda alguna que otra legación, principalmente de países americanos y asiáticos. Y algún que otra ostentosa casa solariega, del pudiente barrio de Salamanca, en donde nos encontramos. Y como me sobró el tiempo, a muy pocos pasos de allí, me detuve unos minutos delante de la embajada del Japón para contemplar su magnífico edificio a rayas rojas y blancas. Y la casualidad: El que coincidiera, en ese preciso instante, con el acceso a la embajada nipona de un numeroso grupo de compatriotas, ataviados con vistosos trajes de gala del país del Sol Naciente.

 Los de las grandes ocasiones

Personas que me saludaron, cordial y ceremoniosamente, una a una, inclinando el torso hacia delante. Saludo al que yo correspondí agradecido de igual forma, con los pies juntos. Y que me invitaron a acompañarles al seguro maravilloso evento festivo les esperaba dentro. Amabilísimo ofrecimiento, tuve que declinar obviamente, muy a mi pesar. Y reanudé el camino hacia la embajada israelí.

El acceso a la embajada israelí

Todo se me antojaba muy cordial, en un día de primavera soleado. Y en el número ciento cincuenta de la calle Velázquez, ya vi una furgoneta de la Policía Nacional, con varios policías nacionales dentro, aparcada delante del edificio, a los que saludé y que correspondieron a mi saludo.
Por cierto. Al levantar la vista, no aprecié bandera, ni placa, ni distintivo alguno que identificara a la Embajada de Israel. Tampoco en el portal, ni en el tercer piso. Pero si noté, que finalmente, habían retirado el enorme y llamativo cartel que llevaba varios días adherido a la fachada de aquel bloque de viviendas, que decía así:
Este es un edificio de viviendas particulares. No solamente de la embajada de Israel. Por lo que favor, no griten ni hagan ruido. Y no arrojen objetos contra la fachada.

Cartel de autoría desconocida

Aunque supuestamente escrito por los propietarios o inquilinos descontentos. Hartos de soportar los gritos y del limpiar, casi a diario, los cristales, las ventanas y paredes de sus casas, del impacto de los numerosos huevos y terrones. El de las continuas manifestaciones y protestas ante la embajada israelí, por su política exterior y la interminable colonización, el aparheid  y la larga ocupación de los territorios palestinos. Al sobrepasar el portal, el portero del inmueble me atendió enseguida. Y pulsó el botón del tercer piso, antes de cerrar las puertas del ascensor, en cuanto le expresé a donde me dirigía.

-Encontrará la Embajada de Israel al salir del ascensor. Me confirmó.
-Gracias. Muy amable. Le contesté.

El control del descansillo comunitario

Efectivamente. Al llegar al tercer piso, en el descansillo comunitario de la planta, nada mas salir del ascensor, me encontré frente a una puerta. Y en el espacio de la derecha dos sillas: Una vacía y la otra ocupada por un policía nacional. Que tras saludarnos y significarle mi cita con el embajador, me indicó cortésmente pulsara un botón rojo habitaba en la pared, a la altura de la puerta y esperara. Así lo hice. Y creí oír una voz, casi ineludible, con un acusado acento extranjero, que salía no se de donde.

Eran las diez en punto de la mañana

-Tengo cita con el señor embajador, alegué. Soy Cerecedo.
Pero de nuevo la voz, casi ineludible, de marcado acento foráneo, me repitió algo que no se entendía. El policía nacional se incorporó de la silla, y acudió prontamente por fortuna en mi ayuda:
- Le está diciendo que se ponga delante del ascensor, con los brazos separados del tronco. Son las normas que ellos establecen. Me confirmó.
-Muchas gracias. Así lo haré. Le contesté.

Sanchin Dachi

Solícito entonces, me puse delante del ascensor en posición Sanchin Dachi. La posición humilde, de espera, de los cinturones negros de karate, como es mi caso. Con las puntas de los dedos hacia el interior, el cuerpo al frente, la cadera bien derecha. Los pies paralelos, con un ancho que es igual al de los hombros. Las rodillas ligeramente dobladas. El peso distribuido entre las dos piernas por igual. Y los brazos separados del tronco.

Gran Hermano

No sabría decir, cuanto fue el tiempo que tuve que permanecer inerme en esa posición. Pero al dirigir la mirada hacia arriba, aburrido, vi un gran ojo de cristal que me observaba. Una gran bola, a lo Gran Hermano. Y una cámara, bien sujeta al techo al descansillo del inmueble, que estaba capturando mi imagen. Y que reprimí un fuerte deseo irrefrenable de saludar a la cámara. Y que transcurridos otros varios minutos y sin previo aviso, se abrió la puerta incrustada en la pared y surgió de sus entrañas la figura de un hombre joven, de unos veinticinco años, macizo, muy cachas. De aproximadamente un metro sesenta de estatura, vestido con un niki de manga corta, unos pantalones y unos zapatos negros. Y la puerta se cerró inmediatamente tras de si.
-Buenos días. Ni nombre es Roberto Cerecedo. Y tengo cita con el señor embajador. Le confirmé en cuanto le tuve frente a mi.
Él tan solo me miró. De arriba abajo, sin emitir sonido alguno. Luego abrió la palma de su mano, y atrajo hacia ella y por dos veces, el dedo índice y anular de su mano derecha, como queriendo que le mostrara algo.
-¿Desea que me identifique?. Le respondí.
 -El carnet de identidad. Me dijo tajante, con un marcado acento extranjero.
Y en cuanto se lo facilité, desapareció de inmediato por la puerta por donde había salido.
 De nuevo, minutos interminables de espera. Y como tardaba, me senté en la silla que permanecía libre del descansillo comunitario del tercer piso, al lado del policía.
-Es el protocolo que rige aquí. Asintió el policía nacional, como tratando de excusarse al contemplar mi cara de sorpresa, por lo que estaba sucediendo y que nadie del personal de la embajada hubiera salido a recibirme.
-Vd. no tiene por qué excusarse. Está cumpliendo su cometido con gran profesionalidad. Y ha sido muy atento conmigo.
-Gracias. Eso intento. Me contestó.

El eficaz Check Point 
 
Corría el reloj. Casi las diez y treinta y ocho minutos de la mañana. Y al fin de nuevo se abre la puerta de la embajada de Israel. Me incorporo presto, creyendo que ya podía pasar. Que era para acceder a la embajada. Que el embajador me estaba esperando desde las diez. Que alguien salía a recibirme. Pero compruebo que no. Que es el mismo joven. Que la puerta se cierra a continuación. Y que sin decir palabra me tiende mi carnet y me hace un gesto con su mano derecha, para que le siga. Porque en el espacio de la izquierda, en el descansillo comunitario de la planta, al otro lado del ascensor, fuera del recinto de la embajada, se aposentaba un arco detector de metales.
Guardo el carnet en su sitio correspondiente de mi cartera y paso bajo el arco. No sin antes, liberarme de llaves, teléfono móvil, un pen drive y los bolígrafos. Pero la máquina pitaba. Y pitaba. Saco las monedas. Y pitaba. Y pitaba. Pero con un sonido fuerte, agudo, chirriante. Y no llevo nada metálico encima. Levanto entonces los brazos y me acerco a él para que me cachee. Pero él se retira rápidamente unos pasos hacia atrás y me hace gestos ostensibles con las dos manos que no. Y me señala de nuevo el detector de metales. Le digo que el embajador me espera hace tiempo. Que estoy invitado por él. Y que le diga a su secretaria que estoy en la puerta.

-No hablar español. Y no trabajar para Vd. Me contesta.
¿Llevar armas?. Me pregunta.
-Soy periodista. Y el ir armado en España es un delito. Al menos que se tenga licencia de armas. Y eso solamente se concede a ciertos colectivos de seguridad y las fuerzas de orden público y de seguridad del Estado. Haga el favor, de decirle al señor embajador que me encuentro aquí. Gracias.



El embajador del Estado de Israel Alon Bar, en el Desayuno Coloquio de la APGE
  
El desencuentro

Procuro mantener la tranquilidad y la flema británica adquirida durante mi período de estudiante en Inglaterra, ante aquel joven fibroso, cuando contemplo que se detiene el ascensor y sale de él una chica rubia, muy mona por cierto, veinte añera, ataviada con una camisa de seda azul bordada a mano, de esas que se venden en los zócalos de las calles de Tel Aviv. Y unos blue jeans muy ajustados y unas botas de cuero. Y antes de aposentarme de nuevo en la silla, a esperar que me reciban, observo que se dirige al joven. Lo hace en un idioma fluido, totalmente desconocido para mi, posiblemente de mas allá de los Montes Urales. El rudo guardián, me hace un gesto enérgico para que me aparte. Y la joven sonríe, mientras se despoja de sus llaves, su móvil, sus monedas y el detector de metales no deja de pitar. Se quita entonces el cinturón, pero tan solo consigue que el detector se envalentone si cabe todavía más. Luego sus botas. Pero la máquina continúa pitando. Inició entonces el gesto de despojarse de sus blue jeans, y de su camisa, mientras yo pensaba para mis adentros:
 -Mira tu por donde, después de todo me va a dar una alegría esta chica. Pero no. El detector de metales ya se da por satisfecho con las botas y sorpresivamente dejó de emitir el sonido nos tenía acostumbrados. Y el joven guardián de la puerta, posiblemente natural de Rusia, gesticula para que yo haga lo mismo. Le digo que no. Ya sin reprimir mi enfado. Que soy el invitado del señor embajador. Y que si desea verme, ya sabe donde encontrarme. Me despido del atento policía nacional. E inicio, sorpresivo y molesto, el camino de vuelta.

 Al llegar a mi despacho, trato de contactar con la embajada de Israel. Pero nadie toma el teléfono. No dejo de pensar en la humillación diaria que se ven sometidos los ciudadanos palestinos, despojados de sus viviendas, de sus mas elementales derechos, obligados a pasar por los siniestros Check Points en su propia tierra, desde hace sesenta y cuatro años.

La mano tendida

Al día siguiente, nada mas llegar a mi despacho llamo de nuevo a la embajada israelí. Coge la llamada al fin la señorita Francisca, que me dice que me pasa con el embajador, puesto que desea hablar conmigo.

-Bien. Le digo.
 -He estado intentando hablar con Vd. sin conseguirlo. Señor Cerecedo, me dice al otro lado del teléfono el jefe de la legación, al no poder vernos ayer. Pero puede venir otro día.
-Perdón, señor embajador. Pero tras lo acontecido, prefiero, si fuera tan amable, que nos visitara Vd. Se me ha ocurrido que podíamos tener un desayuno de trabajo, dentro del ciclo de Desayunos Coloquio que venimos realizando en la sede de la Asociación de Periodistas Gráficos Europeos, con la Junta Directiva y los periodistas que lo deseen .

-¡Ah! Muy bien.

El Desayuno Coloquio

El martes, día 23 de mayo de 2012 a las diez horas, se realizó el previsto encuentro. El día anterior lo comuniqué al jefe de seguridad del edificio del Ministerio de la Presidencia, donde tiene su sede la Asociación de Periodistas Gráficos Europeos. Un edificio magnífico de catorce plantas, dotado de Auditorio, Sala de Prensa, Briefing, Sala de Exposiciones, Sala de Reuniones, Restaurante, Parking y de las últimas tecnologías. Y me cuidé de que me avisara la señorita Francisca, en cuanto saliera de la Embajada, para recibirlo en el pasaje de acceso y evitarle así el pasar por el detector de metales de la entrada.

El embajador de Israel en España, Alon Bar, que vino acompañado del consejero portavoz, Lior Haiat y por el responsable de prensa, Uriel Macías, a preguntas de los periodistas asistentes al Desayuno Coloquio, hizo una defensa de la legitimidad de unas fronteras seguras para el Estado de Israel. A la vez que mostró su comprensión por lo que de perjuicio pueda suponer para otros, dijo, el muro levantado en su entorno de acero, cemento y alambre de espino, que separa también a israelíes de egipcios, sirios, jordanos y libaneses. Y que esto dificulte la libre circulación de personas, sobre todo de los ciudadanos palestinos en los territorios ocupados por el ejército israelí. Al finalizar el desayuno coloquio distendido y amigable, acompañé al señor Alon Bar hasta su coche oficial, mientras me expresaba su satisfacción y su profundo agradecimiento.

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sábado, 28 de enero de 2012

CAMALEÓN FRAGA

Mucho se ha escrito, hablado y rendido homenaje, al recientemente desaparecido ministro del general Francisco Franco, fundador de Alianza Popular, ahora Partido Popular, Manuel Fraga Iribarne.
Desde el entrañable Miguel Ángel Aguilar, pasando por la magnífica escritora Rosa Montero, el periodista Arcadi Espada, Diego Caballero, el que fuera primer presidente del Congreso, Gregorio Peces Barba o el presidente Rajoy.
Y numerosos políticos amigos, y enemigos. Y gente que lo conocieron y trataron.
Y hasta en su entierro, del pueblo gallego de Perbes, le cantaron la bellísima canción de Negra Sombra, con música de mil gaiteiros y letra de la poetisa gallega Rosalía de Castro.


Manuel Fraga. Fotografías  Copyright de Roberto Cerecedo

Pero nada comparable, con la completa biografía que le dedicó el malogrado, mítico periodista y escritor, mi hermano, Francisco Cerecedo, en el desaparecido diario Diario 16. La biografía de un hombre cuando menos curioso. Por su singular capacidad para permanecer en la dictadura, cambiar e integrarse en la Democracia.
Ya que a principios de los años 1960 propugnaba la eliminación de la propiedad capitalista. Que fue falangista, democristiano, franquista, republicano, monárquico, liberal, reformista y hasta centrista. Un verdadero camaleón político.

La enseñanzas de su lectura
Por las circunstancias mencionadas y, sobre todo, por la maestría narrativa del serial y el interés de una narración de momentos históricos de la vida española, es recomendable las enseñanzas de su lectura.
Y por la singular personalidad del protagonista, fallecido en su domicilio de Madrid a sus 89 años el 15 de enero de 2012. Que fuera ministro del general Franco, fundador de Alianza Popular, ahora Partido Popular, redactor de la Constitución española de 1978, presidente de la Comunidad Autónoma de Galicia y senador.

El Decreto Ley Antilibelo
Que como paisano, le tuve un especial cariño. Puesto que tengo, el enorme privilegio, de ser la excusa, para que en España y por primera y única vez, un ciudadano español, un político: Fraga Iribarne, hiciera uso del Decreto Ley Antilibelo contra un periodista: mi hermano, el malogrado mítico periodista y escritor Francisco Cerecedo y un medio de comunicación español: Diario 16.
Ya que, lamentablemente, aunque totalmente consecuente con el personaje, estando todavía reciente el fallecimiento de mi hermano, Fraga no perdió tiempos en lutos, ni en retirar la denuncia, que amplió en mi persona, al ser el familiar mas directo.
Aunque, de acuerdo con la legislación, el Juzgado la archivó de oficio al haber fallecido el denunciado.


Fraga embajador en Londres

Haberlo pensado antes
-¡Haberlo pensado antes!. Fue la respuesta que obtuve de él, cuando le llamé por teléfono a su casa, para solicitar la retirada de la denuncia, había ampliado a mi persona.
-Señor Fraga. Que soy su hermano. Y no tengo nada que ver. Insistí humildemente.
-¡Haberlo pensado antes! ¡No pienso retirar la denuncia!. Me ratificó.

El secuestro
A instancia de su denuncia, de Manuel Fraga Iribarne, el Juzgado de Instrucción número 12 de Madrid secuestró el sábado 11 de junio las dos ediciones que efectuó el diario e instruyó diligencias por un supuesto delito de calumnias e injurias, conforme al decreto de primero de abril de 1977 sobre Libertad de Expresión que establecía que los delitos de calumnias e injurias tendrían carácter “semipúblico” cuando se cometan en periodo electoral.
Según informó el portavoz del Diario 16, “el Juzgado de Instrucción número 12 de los de Madrid, ha dispuesto el secuestro de las dos ediciones del número 201 de Diario 16, correspondientes a ayer, sábado 11 de junio, por denuncia presentada por Manuel Fraga Iribarne, secretario general de Alianza Popular”, quien añadió que la denuncia “ha sido presentada por Fraga contra el conjunto del artículo, último capítulo de la serie Y Fraga cogió su fusil, titulado “A su sitio”, aunque se refiere especialmente a su primer párrafo, donde se transcribe una frase suya que, según él mismo, supone un insulto al presidente de Gobierno, don Adolfo Suárez, candidato rival en Madrid”.
Fraga se presentó en el Juzgado acompañado del abogado José María Ruiz Gallardón, candidato de Alianza Popular al Congreso por Madrid y padre del que sería Ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, del PP.

El secuestro de las dos ediciones de Diario 16 incluía el molde original de dicho artículo y el periódico, por lo que éste se vio obligado a sustituir la página completa por una nota en la que se advertía del secuestro del artículo de Francisco Cerecedo, dejando el resto de la página en blanco, práctica común de los periódicos con las censuras de la dictadura de Primo de Rivera y que la de Franco había prohibido terminantemente, aunque alguna vez la hizo Cambio 16: denuncia de la censura que causaba mucho más impacto. En el momento de ejecutar la orden del secuestro, en la Redacción de Diario 16 quedaban tan sólo 382 ejemplares y la teja, molde de la página, que fue puesta a disposición judicial.

Con respecto al secuestro, el Gabinete de Prensa del partido político Alianza Popular distribuyó la siguiente nota: “El secretario general de Alianza Popular, don Manuel Fraga Iribarne, ha presentado hoy en el Juzgado de Guardia una denuncia por los delitos de injurias y calumnias contra el periodista don Francisco Cerecedo, autor del artículo “A su sitio” que hoy publica Diario 16. Asimismo, y de acuerdo con el real decreto ley 24/1977 del pasado 1 de abril, sobre Libertad de Expresión, son denunciados el director del citado periódico madrileño, don Miguel Ángel Aguilar, y la empresa Información y Publicaciones, S.A., como responsable civil subsidiaria”.


Fraga Catedrático

El serial biográfico
Tal y como lo concibió el director del desaparecido Diario 16, el imaginativo Miguel Ángel Aguilar y su autor, Francisco Cerecedo, la serie biográfica Y Fraga cogió su fusil, fue una sucesión de seis artículos, relacionados entre si, que se ofrecieron sucesivamente, en seis entregas diarias, en la página cinco del diario.
El serial completo, lo pueden encontrar en el libro La última vez que nací, Ediciones B, escrito por su hermano, Roberto Cerecedo.

Y Fraga cogió su fusil. Artículo I: Un retrato Velazqueño. ( A lo Inocencio X)
Un autoritario con chupete. (Diario 16. Lunes, 6 de junio de 1977)
Por Francisco Cerecedo.

El 20 de noviembre de 1975, España amanecía, sorprendida e inquieta, huérfana de tirano. Terminadas las solemnes jornadas funerarias de llanto oficial del país, emocionada en su excitante desamparo, se aprestaba a transgredir la ultima voluntad del dictador con una experiencia nueva: la libertad. Mientras la mayoría de los españoles pensaban que se cerraba un penoso e irrepetible capítulo de la historia, otros consideraban que, simplemente, se había producido una vacante en el escalafón.
E1 18 de noviembre de 1975, cuando faltaban treinta y seis horas para la desaparición de Franco, desembarcaba en el aeropuerto de Barajas, a las tres de la tarde, procedente de Londres, el primer candidato a la elevada tarea de continuar gobernando a los españoles por decreto. El excelentísimo señor don Manuel Fraga Iribarne, letrado oficial 2º en las Cortes, catedrático, diplomático, ex secretario general técnico de Educación, ex delegado nacional de Asociaciones, ex subdirector del Instituto de Estudios Políticos, víctor de plata del SEU, ex secretario general del Instituto de Cultura Hispánica, congregante Mariano, teniente de Complemento, ex director de Cervezas El Águila, ex ministro de Información y Turismo, falangista, ex presidente de la Unión Resinera Española, matador de eurogallos, admirador de Carrero Blanco, ex consejero de Atlántica Inversiones, S. A., ex cuarentavo de Ayete, ex consejero de Rank Xerox, S. A., príncipe de las oposiciones y profundamente convencido que, desde que murió Franco, España, viuda de Caudillo, corre gravísimos peligros. Pero, afortunadamente, don Manuel Fraga Iribarne es un profesional de la salvación de la patria, para lo que gusten mandar.

La lucida trayectoria vital de Manuel Fraga se inició el 23 de noviembre de 1922 en Villalba, un pueblo de la provincia gallega de Lugo. Hijo de emigrantes que regresaron con algún dinero de Cuba, varios presagios acompañaron su nacimiento y niñez indicando que algo fuera de lo común con respecto a su persona tramaba el destino. En primer lugar, esa misteriosa confusión relacionada con sus orígenes que la Historia suele reservar, en ocasiones, a los elegidos. Algunas fuentes aseguran que existe otra partida de nacimiento de Fraga en el registro civil de Cárdenas, un pueblo en la provincia de Matanzas, en Cuba. Es decir, como sucediera con Hornero, Colón y, más recientemente, los “oriundos” de los estadios, varios lugares se disputan su nacimiento.

A cualquier infante de su edad, las cosas que publicaba el ABC el día de su nacimiento, no le harían mella. Pero a un recién nacido superdotado como Manolo Fraga, la situación del país que reflejaba la prensa del día, no podía menos de marcarle para el futuro, mientras expresaba su disgusto pataleando como podía entre los pañales. En el Congreso de Diputados, el marqués de Villabrámiga atacaba sarcástico al ministro de Gobernación: “Seguramente que el señor Piniés —decía—, cuando va a su pueblo y contempla la carretera llena de guardias civiles, se dirá para sus adentros: “¡Qué buen ministro de Gobernación soy!” Otro diputado, Prieto, pedía la derogación de la ley de Jurisdicciones. Al mismo tiempo, el claustro universitario de Madrid aprobaba la protesta del rector y decanos contra la represión de los estudiantes. Melilla, que habría de desempeñar, aún hace pocos meses, un destacado papel en la rica biografía de Fraga, también era noticia premonitoria el día de su nacimiento, cuando rechazó un ataque de los rifeños. Todos los periódicos de la nación publicaban asimismo una lista de nombres con aire de redada policial: Clemente, Sisinio, Juan El Bueno, Anfiloquio, Gregorio, Trudón y sus acompañantes Lucrecia y Felicitas. “!Son mis prisioneros!”, pensaría aquel rollizo bebé de Villalba ya hastiado de antemano de los juguetes de los niños de su edad. No, esta vez no. Eran los santos del día.


Manuel Fraga, delante del Congreso.

Tampoco fue marino.
Los buenos augurios no cesaban. La calle de Villalba donde se atribuye su nacimiento, en el campo de la feria, frente a la alameda de Basante Olano, se llamaría con el tiempo, a modo de sutil profecía, calle del Generalísimo Franco. En la casa familiar, en el número 19, todavía vive una de las escasas mujeres que influyeron en la vida de Manuel Fraga: su tía Amadora. Y al igual que el extinto Caudillo, el adolescente Manolo también, en su momento, quiso ser marino. Pero a ninguno de los dos el azar, por el bien de la patria, se lo permitiría.

Con el dinero obtenido por la liquidación de algunos pequeños asuntos en Cuba, y tras su matrimonio con María Iribarne Duboix, institutriz de la familia Arechabala, propietaria de ingenios azucareros y destilerías de ron en la isla del Caribe, el peón casi analfabeto Manuel Fraga Bello decide regresar a España dando por terminada su aventura americana, que había iniciado a los catorce años como emigrante. “Mi madre —manifesta el líder de AP a su fiel biógrafo Carlos Sentís— pensaba que Cuba no era buen sitio para educar a los hijos. Ella pensaba que le podía salir algún Fidel Castro”.
El regreso del emigrante con una pequeña fortuna se produce con los habituales signos externos de desclasamiento en Galicia. El indiano se aleja del campo y pone casa en la calle principal del pueblo, abandona el gallego, idioma rural, de gente baja e ignorante, por el castellano de los señoritos y personas instruidas como el juez, el notario, el secretario del Ayuntamiento, y de todos aquellos que consiguen triunfar en la vida. La sublimación de esta tesis lingüística es el latín, idioma de lujo reservado a la superclase rural gallega por excelencia que son los curas. La afirmación personal a través del latín ha sido una constante, no exenta de disgustos, en la vida de Manuel Fraga Iribarne, quien, durante un tiempo, pensó en abrazar el sacerdocio. En febrero de 1975 todavía honraba a sus traumas infantiles iniciando en latín un discurso en Venecia para luego continuarlo en castellano.


Manuel Fraga y su tía Amadora.

Gallego de “queimada”.
Durante los primeros años, Manuel Fraga estuvo perfectamente defendido contra la cultura autóctona de la terra cha lucense. Su madre y su tía Amadora completaban la educación de los hermanos, que serían doce. Sus compañeros de la época recuerdan que Manolo no tenía el menor acento gallego al hablar, y que a los cuatro años se expresaba en francés. Así la profesión de fe galleguista de Fraga es relativamente reciente y llevada a cabo, sobre todo, por la vía intelectual de la queimada. Sobre sus paisanos tiene una opinión un tanto despectiva, según se desprende de las manifestaciones que hizo a algunos amigos cuando pensaba presentarse a diputado por Lugo y ofrecía su fórmula electoral para el triunfo: “Con unas empanadas de xoubas y una queimada arreglo yo esto”.

En los medios literarios de Galicia, si exceptuamos a su incondicional Alvaro Cunqueiro, Fraga despierta muy descriptibles entusiasmos. “Fraga —declara un escritor galleguista— es un caso típico de mala conciencia hacia el idioma que le enseñaron a aborrecer, aunque era la lengua de sus abuelos. Con escritores gallegos llegó al ataque personal, y se ensañó con todo lo que oliera a nacionalismo, mucho más que su predecesor en el Ministerio y que Sánchez Bella. Todo esto, salpicado con peregrinas afirmaciones de amor a la tierra o de intentos pueriles de reducir el hecho diferencial a la gastronomía o al turismo. Ha vivido hasta los dieciséis años en pleno corazón campesino de Galicia, presume de hablar alemán, latín, francés, inglés, y es incapaz de contar un mal chascarrillo en gallego”.

Como si se trabara de un destino familiar común, su padre fue nombrado alcalde de Villalba durante la dictadura de Primo de Rivera y, luego, con la de Franco. La República, en 1931, le ofreció continuar en el cargo, pero se negó. El niño Manolo, ya hijo del alcalde, comenzó a destacar en sus estudios a los cuatro años y no necesitó de las pequeñas ayudas superfluas que el lógico cariño paterno le procuraba, llevándole a examinarse de ingreso de bachillerato al Instituto de La Coruña, en vez de Lugo, la capital de la provincia, porqué allí tenia sus negocios y sus vinculaciones sociales.

Manuel Fraga durante el servicio militar

El ¡oh! de las niñas.
Ya en aquella época, comienza a perfilarse el carácter que, años más tarde, habría de tener en vilo a los españoles. Al decir de sus viejos amigos y de sus hagiógrafos más entusiastas -como Millán Mestre y Octavio Cabezas-, el adolescente Manolo era un chico francamente tímido y retraído. Le gustaban las grandes caminatas campo a través, como si inaugurara imaginarios paradores, y evitaba el contacto con sus compañeros. “Manolo —afirma Cabezas— llegó al descubrimiento de ese mundo mágico, llamativo y oscuro del sexo, bastante más tarde que la mayoría de los chicos de su edad”. Sus compañeros recuerdan que se negaba rotundamente a escucharles cuando “hablaban a medias palabras de aquéllo”. Pero la vida se puede llegar a dominar de muchas maneras. Y sobre todo desde el poder. Las niñas del instituto lucense se quedaban igualmente boquiabiertas ante la mirada de Rodolfo Valentino que ante su rollizo condiscípulo Manolo Fraga recitando de memoria la primera página de El Progreso de Lugo, después de haberla leído una sola vez.

Si famoso era en el instituto, también lo era en casa. Cuentan sus hermanos más pequeños que, en el lejano pueblo gallego, habían inventado un insólito juego: “¡Vamos a jugar a Manolo!” Y los niños comenzaban a intercambiar desaforados gritos y voces de mando, “¡Fueeera!”, que recordaban al hermano mayor.

Una vez intentada la influencia sobre los demás, eligiendo la carrera de las armas o el sacerdocio, el joven Fraga iba a encontrar una nueva oportunidad a partir del 18 de julio de 1936: la Falange. Se apuntó en 1937 porque “era lo más interesante en aquel momento”, afirma. “Pero no participaba casi nada en nuestras actividades”, recuerda su amigo Eimil, que era entonces el jefe de la organización juvenil en Villalba. El final de la guerra le iba a proporcionar a Manuel Fraga la definitiva oportunidad para llegar al poder gracias al sistema de promoción social más querido por Franco: las oposiciones. En el circo de las citas contra reloj, el atleta de la memoria, Manolo Fraga, trabajaba sin red. Aunque rodeado de padrinos vigilantes.

Mis compañeros me admiran.
En 1939, llega a la Universidad de Santiago y se hace notar inmediatamente por el profesor de Derecho Romano, Arias Ramos, porque no sólo responde con una cita en latín que se le pedía, sino que continúa explicando en latín el resto de la pregunta. Entré sus compañeros, poco habituados a tales alardes, se produce una división de opiniones que ya nunca le abandonarán en su escalada hacia el poder. Sus mejores amigos, como Núñez Lagos, opinan de su antiguo condiscípulo: “Era muy crudo y muy intemperante, con poco culto a las formas. Muy tajante”. Su compañero de Universidad de Madrid y último compañero de caza y veraneo en Villalba, Carlos Pardo, señala: “Para tratar a Fraga y llevarse bien con él es necesario entenderle. Es muy difícil llevarle la contraria y se molesta bastante cuando uno le discute. En el trato normal es amable, pero un poco brusco y de maneras cortantes. Su manera de expresarse es siempre tan exacta y precisa que, a veces, tanta precisión cansa, bueno, eso al menos me ha pasado a mí, en alguna ocasión”. Tal es, afectuosa y objetiva, la opinión de los amigos. El mismo Fraga no se refugia en una impropia modestia a hablar de sí: “No tengo duda ninguna que mis compañeros reconocían en mí un cierto impulso de base religiosa y moral. Estaba convencido que uno estaba obligado a trabajar, que estaba uno obligado a sacrificar ciertas cosas, a entrenarse digamos, para una vida de sacrificio”.

Son los años duros en los que abandonará su Galicia natal para seguir los pasos del catedrático de Derecho Político, Ruiz del Castillo, trasladado a la Universidad de Madrid. Se perfila el primero de los traumas que acompañaran al joven Manolo Fraga durante su vida: la necesidad de padrino. Tras el catedrático Ruiz del Castillo, buscará otros protectores como Castiella, Esteban Bilbao, Ruiz Giménez, Arrese, Nieto Antúnez, Carrero Blanco, etc.

El resto de los puntos claves del joven fraga serán, como veremos a lo largo de esta serie, la cabeza, los informes, elegancia, el sexo, el latín, el complejo de número uno y el mando. En superar los dos últimos va a centrar la mayor parte de sus esfuerzos.

Roberto Cerecedo. Todos los derechos reservados. Queda rigurosamente prohibida su reproducción total o parcial, por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, sin autorización expresa y por escrito del titular del copyright, bajo las sanciones establecidas en las Leyes