martes, 14 de julio de 2009

LA VINCULACIÓN DE LA AMISTAD Y LA ANSIEDAD POR LA SEPARACIÓN

Retrato de Roy. Fotografía copyright Roberto Cerecedo

Los preparativos

- Aprovechando que vamos a ver hoy, a tus hermanos, Carlos, podíamos abandonar a la perra en los jardines del Puente de Segovia.
-¿Abandonar a la perra hoy?. No. Mejor esperamos unos días mas, Pilar. Es mejor en el mes de agosto. Hará mas calor. Así se deshidratará antes. Y sufrirá mucho menos.
-Si. Tienes razón. Para que sufra menos.
Esta conversación, entre Pilar y Carlos, suele ser muy habitual, en la mayoría de los países de nuestro planeta, cuando se acerca el período estival. Cuando nuestro mejor amigo deja de ser un juguete y se convierte en un ser vivo. Y se inician las vacaciones de los niños y las de los adultos.

El abandono


-¿Asociación el Refugio?. Les llamo para avisarles, que aquí, tirada en la cuneta de la carretera, en la bajada al Puente de Segovia, hay una perra blanca embarazada, desangrándose, llena de golpes, medio muerta.
-Vamos para allá.
La furgoneta de la Asociación para el Bienestar de los Animales, El Refugio, salió velozmente de su sede central, hacia Madrid. La rápida llegada de sus responsables, Patricia y Nacho, y la oportuna intervención de la veterinaria, Cristina Sánchez, le salvó la vida.
Rita, que así la llamaron, estuvo varios días en la clínica en observación, entre la frontera de la vida y la muerte. Luego, parió ocho cachorros sanos y fuertes. Dos de ellos, macho y hembra, de un color blanco impoluto.

Dibujo copyright El Roto


La protección animal

España, con mucha ventaja, es el país europeo en donde la ley es mas permisiva, en cuanto la protección animal se refiere. Según la actual legislación española, torturar, mutilar, o matar a un animal, no es delito. Es una falta. Falta que cuesta sólo entre 60 o 1.500 euros, según los casos. El hurto, por debajo de la cuantía de 300 euros, está mas castigado. Y por encima de todas estas faltas, está el abandono.

Los españoles abandonan, en los meses de verano, el mayor número de animales de compañía. Principalmente perros y gatos, sin mencionar otros seres vivos.
Sorpresivamente, en el río del Manzanares de Madrid, han aparecido serpientes pitones, de varios metros de largo, recién traídas de la selva colombiana. Enormes cangrejos caribeños depredadores. Pirañas agresivas. Y hasta se han visto variadas especies de peces barbus, xiphos y hermosísimos guppys, de vivísimos colores, moviéndose, como pez en el agua, originarios de la cuenca caraqueña del río Amazonas.

Me dan miedo

El grado de ternura y consideración humana hacia nuestros animales de compañía, no tiene límites. Me hacen mucha gracia, quizá enorme lástima, esas personas que cuando ven a un perro comienzan a gritar y salen corriendo. Porque me dan miedo, dicen.
Si una buena parte de la humanidad, tuviera algunos de los sentimientos de los perros, seríamos todos mas felices y estaríamos todos mucho mas tranquilos.
A quien se debe temer es al hombre, que mata. Y no digamos a algunas mujeres. Que rompen a uno el corazón. La última se llevó todo mi cariño. Y todavía no me lo ha devuelto.
Mientras tanto, cada año, millones de perros son abandonados y, en su mayoría, mueren de ignición, o atropellados. Y también, víctimas de los malos tratos. El nivel de civilidad de un pueblo, se mide por el trato que se da a los animales.

El adiestramiento

Acaríciale, háblale. Como cualquier ser vivo, el perro lo necesita. Eso le infundirá confianza en si mismo.
Procura no pegarle, cuando hace algo mal. Un tono fuerte de voz es ya suficiente para que lo comprenda.
No conviene forzarlo. Si un día le notas raro, debes pensar que ha tomado demasiado el sol, o le ha podido sentar mal la comida.
Jamás intentes dominar a tu perro utilizando la fuerza bruta. Mas bien, asegúrate que tus instrucciones son claras.
Recompénsale cada vez que obedezca. Lo bueno se premia siempre.
Dale tiempo para que comprenda lo que esperas de él. Te lo recompensará con creces.
Ten paciencia. Las trastadas son propias de la edad y tiene que madurar.
El adiestramiento debe iniciarse con órdenes sencillas, de: Ven, quieto, sienta, echa. Para que las entienda enseguida, sea un perro equilibrado, cariñoso, juguetón. Y para que así le respeten, le quieran los amigos y los, a veces numerosos e inquietos vecinos.

Roy con el hueso. Fotografía copyright Roberto Cerecedo

La alimentación

Dale de comer dos veces al día, siempre la misma cantidad. Un pienso de calidad. Es mejor comprar un saco de quince kilos, de pollo y arroz, enriquecido con las proteínas y las vitaminas necesarias. Que aporte, de forma completa y equilibrada, todos los nutrientes necesarios para reforzar su sistema inmunitario, mantener la motricidad, desarrollar una piel sana, un pelo brillante. Mantener unos músculos, dientes y huesos, sanos y fuertes. Y una larga y saludable calidad de vida.

La jerarquía. El jefe de la manada

El perro considera a la familia con quien vive, su manada. Y el dueño, es el jefe de la manada. Un perro no es autónomo, depende de una jerarquía. Desde el primer momento que llega al hogar, el cachorro observa lo que ocurre a su alrededor. Y lo primero que hace, es intentar averiguar quien es el macho o la hembra dominante. El perro alfa. Y cual es el lugar que él ocupa , dentro de esa estructura jerárquica. Enseñarle cuál es el lugar que le corresponde, lleva tiempo. Debe aprender, que su posición social dentro de la familia es, inferior incluso, a la del miembro mas débil, a la de un bebé. Enseñarle esto, no es ninguna crueldad, ni humillación, ni ausencia de cariño.

La adopción, la mejor opción

La vida de un perro, bien tratado y alimentado, dura, a lo sumo, un máximo de 16 años.
Es conveniente adoptarlo, la mejor opción. Y hacerlo cuando tienen entre nueve meses y un año. Antes de llegar a adulto. A esa edad, el equivalente al hombre, en la tabla comparativa, es de 14 años. Y al año y medio, adquirirá la mayoría de edad, nuestros 18 años. Y nos sorprenderá con todo lo que ha aprendido y le hemos enseñado. Y será nuestro mejor, leal y mas obediente amigo.

Tras varios desengaños amorosos, me encontraba en Madrid en el tiempo del descanso de la compañía. Y era el momento de contar con un amigo fiel, generoso, cariñoso, comprensivo, que no te abandonara nunca.

En los mas importantes periódicos, de tirada nacional españoles, se podía leer un claro y directo anuncio, que acaparó mi atención: ¿Quieres un perro?. Antes de comprarlo, piensa en adoptarlo. Asociación El refugio.
Decidí entonces ponerme en contacto con ellos.

Roy, un pastor palestino

El tren de cercanías, Madrid-San Rafael, me llevó a su encuentro un animoso sábado soleado del mes de septiembre. Temprano. Ese día, estaba al completa la perrera de acogida. Ciento noventa perros a la búsqueda de un dueño. Quise ser consciente de la responsabilidad que significa tener un perro en casa, por el bien del animal. Acuérdate, Roberto, que tu tienes a tus amigos, tu trabajo, tu ocio, tus diversiones. Él perro solo te tiene a ti.
Eras las diez de la mañana. Y me vine a las cinco de la tarde de vuelta, en el tren de cercanías, con un collar, una cadena, y con Roy. El macho blanco, brillante, dinámico, impoluto, hijo de la perra abandonada en la bajada del Puente de Segovia. Era el 8 de septiembre de 2001. Roy tenía nueve meses de vida.

Pero ni el presidente de El Refugio, Nacho Paunero, ni su directora, Patricia del Río, supieron darme razón de su procedencia. Menos, de su raza.
Hasta que en la Casa del Libro de Vigo, mi ciudad natal, lo descubrí. Era un perro de raza, procedente del Medio Oriente, de la ciudad de Canaán. Su origen: La antigüedad. Su país de origen: Palestina. Su comportamiento social: Muy bueno. Función social: Compañía, pastor de ganado, rastreo, búsqueda y rescate.

La ansiedad por la separación

Lo primero, nada mas legar a casa, fue enseñarle todas las estancias de su nuevo hogar. Y su sitio en ella. Las habitaciones donde no debe entrar: Mi cuarto, el baño, la cocina. Y afrontar un gran reto: El evitar la ansiedad por la separación. Es decir, los destrozos que produce cualquier perro en casa, o en un hotel, cuando se queda solo, por ansiedad.

Mi trabajo consistió en que Roy entendiera por hogar la casa, no a mi persona. Para ello le presenté todas las habitaciones, y que se tumbara y se quedara tranquilo, en cada una de ellas.
Y la primera medida a tomar, mientras lo comprendía, era cansarlo. Un largo y agradable paseo, antes de quedarse solo.
Después, darle de comer en el preciso instante de salir.
Luego, ignorarlo: No saludarle, ni despedirse de él, dentro de los cinco minutos antes de llegar, ni de salir.
A continuación, simular salidas falsas, o volver a los pocos minutos, para que el perro deje de asociar la preparación de la salida de casa, con la soledad. Y su ansiedad por la separación desapareció.


Roberto Cerecedo. Todos los derechos reservados. Queda rigurosamente prohibida su reproducción total o parcial, por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, sin autorización expresa y por escrito del titular del copyright, bajo las sanciones establecidas en las Leyes.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado Roberto,
¡Qué tio mas majo eres!
Un abrazo.
Nacho Paunero

Margarola dijo...

Tio,

Que bonita la historia. Esta semana cuando quedemos te contaré la historia de Rex, el perro que rescatamos en México y que mandamos a los Estados Unidos. En cuanto pueda (unos añitos) yo también iré a El Refugio para adoptar a un perro. Para mi es la única opción!

Un beso,

Tu sobrina favorita!!!

Anónimo dijo...

Yo también he adoptado una perra de El Refugio. Hacen una enorme labor y ¡Son gente muy maja!
El abandono y el maltrato, deberían ser un delito en todo el mundo.
Silvia